HISTÓRICO
MENTIROSOS COMPULSIVOS
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Por HUMBERTO MONTERO | Publicado el 27 de mayo de 2013

En política casi todo es relativo. Quienes son capaces de convivir con sus conciencias limpias en el imperio del subjetivismo y sacan partido de ello prosperan en esta nebulosa con desigual fortuna. Ya lo dice el archiconocido poema de Ramón de Campoamor: "En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira".

Hay, sin embargo, una línea roja que muchos cruzan camino de la gama de matices grises en la que nada es negro, ni tampoco blanco. En ese limbo amoral todo vale si se envuelve de la retórica apropiada, se condimenta de carisma y se cocina en el momento justo. El resultado siempre juega a favor de aquellos que, a sabiendas, hacen ley y dogma de la presunta ausencia de certezas absolutas.

Pero al maquiavelismo puro le pasa como al tabaco, al alcohol, al sexo, o a las mañanas de domingo en flor, que crea adicción a marchas forzadas, como casi todos los benditos placeres de la vida. Surgen entonces los mentirosos compulsivos. Por si no los reconocen, aunque son fácilmente detectables entre nuestra clase dirigente, haremos hoy un ejercicio empírico para descubrir a esta subespecie humana: el líder de masas.

Comencemos por un ejemplo palmario. Para no irnos muy lejos, y aprovechando que se cumplen diez años de un régimen que es el relativismo hecho bandera, vayámonos hasta el Cono Sur, a la Argentina. Allí habita la diosa del "todo vale si sirve a mis propósitos".

Cristina Fernández de Kirchner es sin duda el arquetipo del político capaz de mudar de piel con la misma facilidad con que una modelo se cambia de vestido sobre la pasarela. Su propio ideario, el peronismo, es una suerte de desierto ideológico inclasificable (incluso para los politólogos argentinos) donde impera el personalismo con todos sus defectos. Capaz de reinventarse al instante, CFK está en la cúspide de la cadena evolutiva política, con una facultad de adaptación que genera realidades paralelas instantáneas con sólo abrir la boca.

Así, la que ayer era una petrolera honesta y ejemplar pasa a convertirse en 48 horas, con una facilidad pasmosa, en un ente depravado e indecente que extirpa las riquezas del pueblo.

La "reina del disfraz", un camaleón del engaño, nunca yerra ni por equivocación. Su facilidad para la pirotecnia y el artificio es tal que puede hacer creer a sus devotos que son los medios de comunicación quienes "difaman y distorsionan" la realidad, y que la culpa de que la inflación galope entre el 11% y el 24% (nadie sabe bien quién mide el precio de las cosas por aquellas tierras ni qué estadística es la buena) es de los demás. "Los precios no los ponen los trabajadores o este Gobierno, los fijan los empresarios y los grandes monopolios", afirma con la misma parsimonia con la que proclama que ella no es eterna.

Tragarse eso en un país en que la Casa Rosada lo controla todo es imposible, pero los poderes hipnóticos de Cristina son asombrosos, quizá porque venera sus mentiras tanto como para creer que son verdades.

Otro claro ejemplo es de Nigel Farage. Bastante menos conocido que CFK, el líder del euroescéptico partido británico UKIP se acaba de despachar con unas declaraciones en las que pide a sus compatriotas residentes en España que saquen todo su dinero de los bancos españoles "lo más rápido posible" y que "regresen a casa mientras puedan".

Gracias al cielo al pobre Farage no le hacen caso ni en su casa.

En su necedad, que cuenta con millones de adeptos en Inglaterra, Farage olvida que el segundo mayor operador de móviles británico (O2) es propiedad de la española Telefónica y que el segundo mayor banco prestamista de hipotecas de Europa (el también inglés Abbey National Bank) es una filial del Banco Santander (hispano hasta el tuétano).

Por no hablar de las decenas de alianzas entre compañías de ambos países, como la que existe entre Iberia y British Airways. Pero a los mentirosos compulsivos poco les importa la realidad. La inventan a su antojo para venderla entre los menesterosos de la información. Rebusquen ahora ustedes en Colombia y a buen seguro hallarán mercachifles a puñados en todos los altos puestos del país. Prueben, prueben.