HISTÓRICO
MINORÍAS, EL UMBRAL NO ES EL PROBLEMA
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    MINORÍAS, EL UMBRAL NO ES EL PROBLEMA |
Por ALEJO VARGAS VELÁSQUEZ | Publicado el 26 de enero de 2013

Cuando se acerca el debate electoral del próximo año y en la tradición colombiana donde las campañas inician con mucho tiempo de anticipación, uno de los temas que ha empezado a plantearse es el del nuevo umbral del 3 % -aprobado hace rato, hay que recordarlo-, como un limitante para las minorías políticas.

Recordemos que el umbral es un mecanismo que tiene la mayoría de los sistemas electorales contemporáneos para garantizar que las opciones políticas que se presenten a los votantes, tengan alguna posibilidad de éxito y desestimular aquellas iniciativas aisladas sin ninguna posibilidad. En el caso colombiano, a partir de la expedición de la Constitución del 91, hubo una atomización de la participación electoral, en parte debido a que las normas constitucionales lo posibilitaban, recordemos que sólo se exigían cincuenta mil firmas para inscribir candidatos; ello originó el surgimiento de una gran cantidad de ‘micro-partidos’ que convirtieron la representación política en representaciones individualizadas –tuvimos alrededor de ochenta partidos con personería jurídica, lo cual es completamente negativo para un sistema representativo-. Claro, a los dirigentes con vocaciones caudillistas, les encanta este sistema personalizado, porque tienden a no aceptar ningún tipo de disciplina organizativa ni de control. Por lo tanto, el mecanismo del umbral no es otra cosa que el estímulo a las organizaciones políticas para agruparse por identidades o cercanías, políticas e ideológicas.

Sin embargo, el efecto no es siempre el mejor, especialmente cuando se confunden coaliciones electorales, con ciertas coincidencias, con organizaciones partidistas. Algo de eso sucedió en la experiencia que se dio después de la reforma electoral de 2003 que modificó las reglas del juego electoral. En el caso del Polo Democrático Alternativo, que antes que nada fue una coalición de corrientes políticas de izquierda, pero no necesariamente con identidades para convertirse en un partido político y menos cuando pretendió poner en funcionamiento el ‘centralismo democrático’ para la toma de decisiones, lo cual llevó al proceso de fractura que es ya conocido y que hoy día deja a una serie de fuerzas políticas, como Progresistas, la Marcha Patriótica, y lo que queda del Polo, con pocas posibilidades electorales si concurren al próximo debate electoral desunidos. Pero allí lo evidente es que no es el umbral el responsable, es la equivocación en la construcción partidaria lo que llevó a esta situación.

Las fuerzas políticas minoritarias, por ahora -en democracia mayorías y minorías cambian-, como los partidos Verde y Mira o la izquierda política, deben poner sus esfuerzos es en afinar sus estrategias electorales o encontrar aliados con los cuales puedan hacer coaliciones electorales que les permitan superar el umbral sin problemas.

En el caso de la izquierda política, es altamente probable que si logran agruparse, la Marcha Patriótica, el Polo, Progresistas y el movimiento Pido la Palabra, podrían aspirar a tener una representación en corporaciones públicas cercana a la cuarta parte de los votantes totales, porque los electores de avanzada son muchos más de los que hasta ahora han expresado su voto por la izquierda tradicional.

Sin embargo, sería recomendable que las opciones políticas, que se autoconsideran como alternativas al clientelismo y la política tradicional, no reduzcan sus debates y coaliciones a cálculos electorales, las cifran y los porcentajes, situación que disminuye el análisis de fondo, que debe apuntar a construir de manera realista movimientos o coaliciones políticas y democráticas que trasciendan la barrera del temido umbral.

La tarea es cómo enfrentar exitosamente las nuevas reglas del juego electoral y cómo avanzar en la construcción de propuestas políticas más sólidas con estabilidad política y programática.