HISTÓRICO
MIS REFLEXIONES COMO MARCHANTE
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    MIS REFLEXIONES COMO MARCHANTE |
Por ÓSCAR TULIO LIZCANO | Publicado el 13 de abril de 2013

El paso a paso de la marcha por la paz me dejó grandes reflexiones. A mi lado, en las calles de Medellín, unas 50 personas hacían un particular cántico. Eran integrantes de la Unión Patriótica y entonaban un estribillo: "Mientras el pueblo va para adelante -cantaban mientras corrían hacia adelante-. El Gobierno va hacia atrás -se respondían, corriendo también hacia atrás".

También vi a otros miembros del movimiento de la Marcha Patriótica, a unos cuantos universitarios, tres funcionarios de la Defensoría del Pueblo y, desde luego, a víctimas de la violencia, como yo. En definitiva, no sumaban 600 personas, contrario a lo afirmado por este diario, que aseguró que eran unas tres mil.

Hablé con el doblemente secuestrado Sigifredo López, a quien le reclamé porque no apareció al inicio de la marcha, como habíamos acordado. Me contó que llegó al final, así que no nos vimos, pues yo aguanté, físicamente, hasta la mitad del trayecto. El alcalde Aníbal Gaviria no tuvo el valor de integrarse a los marchantes; tampoco el gobernador Fajardo. Al parecer, a Gaviria le informaron que varios marchantes gritaban consignas en su contra, por el tema del predial.

Soy consciente del accidentado y tortuoso camino de la paz colombiana. Está sembrado de complejas contradicciones que, ya lo hemos visto en anteriores gobiernos, significan una auténtica batalla de acciones sinceras, contra los que se oponen con duras críticas al proceso. Esas críticas, lo hemos visto, han sido lideradas por el expresidente Uribe.

Pero también hay otros que se oponen con acciones soterradas. Le susurran su apoyo al presidente. Luego, en los cocteles, despotrican del proceso de paz. El país está plagado de hipócritas.

Los veo aparecer al lado del presidente hablando de la paz, luego los escucho en privado hablando mal del proceso. Sí, son congresistas, empresarios y militares.

En varios países orientales forman a los soldados para apoyar a sus gobernantes. ¿Cuántos mandos altos y medios de nuestro Ejército están obrando con convencimiento de causa frente a la paz? Varios de ellos han manifestado que se están preparando mentalmente para su retiro, pues su sueño era ascender.

La mala fe se disfraza en cálculos estratégicos y "la mentira camuflada de maniobra táctica", como lo advirtió Enrique Santos Calderón, invocando la frase del escritor e historiador Solzhenitzyn. Según éste, la violencia solo puede ser ocultada por la mentira y la mentira solo puede mantenerse por la violencia.

Así que quien proclame que la violencia es su método, se verá obligado a adoptar la mentira como principio. ¡Ay, qué dolor… En Colombia estamos llenos de esos personajes siniestros.

El título de campeón lo ostenta el excanciller, Gabriel Silva, que hace 5 años, en la instalación del Congreso Cafetero, le decía con pasión al entonces presidente Uribe: "usted es el verdadero protagonista de la paz de los colombianos". Hoy en día es el más duro crítico del expresidente cuando hace críticas al proceso.

Deberíamos, todos, trabajar en la misma ruta: la paz. Varios grupos de opinión recalcan el costo de la paz. Habría que pensar, más bien, en el costo de la guerra, en lo que ha significado ésta para la economía nacional. Todo lo que se haga por la paz es rentable cuando se compara con vidas y con el desangre económico que ha representado década tras década.

Pero para ello, hay que desenmascarar a esos personajes siniestros que mueven sus hilos tras las bambalinas del poder.