HISTÓRICO
Moncayo es ya un símbolo nacional
  • El profesor Moncayo emprendió en solitario una caminata de 46 días hasta Bogotá, a donde llegó rodeado por una multitud. Con su marcha por la libertad de su hijo, secuestrado por las Farc, entró por la puerta grande a la historia de gestas heroicas de los colombianos.
La hazaña de Moncayo, con características épicas, de recorrer mil kilómetros del territorio patrio para preservar la vida de su hijo y lograr su libertad tiene un valor inestimable, que el país entero debe dimensionar y aplaudir.

Su lucha no concluyó ayer en la Plaza de Bolívar de Bogotá, pues este profesor nariñense de Ciencias Sociales solo descansará el día en que su hijo, el soldado Pablo Emilio Moncayo, sea liberado por las Farc que lo mantienen secuestrado desde hace más de nueve años. Lo que no compartimos, por considerar que le asociará otras problemáticas que allí confluyen, alejándolo de su causa, es que este caminante de la paz pase al sedentarismo de tener una carpa en la Plaza de Bolívar.

Con la marcha que congregó multitudes a su paso, Gustavo Moncayo cumplió con creces su propósito de notificarles a las Farc sobre el inmenso sacrificio de que son capaces los colombianos y de las enormes muestras de coraje que pueden dar personas humildes como él para lograr la liberación de los seres queridos que la guerrilla mantiene cautivos en sus campos de concentración en la selva.

Es a las Farc a las que está dirigido ese clamor nacional por la liberación de los secuestrados, que se hizo sentir en cada pueblo al paso del Profesor. ¿Logrará con ello facilitar un intercambio humanitario? Sabemos de la voluntad que ha acompañado al Gobierno para lograr la liberación de los secuestrados, sin ceder en sus principios, pero también reconocemos las enormes dificultades que han existido en todos los intentos, cada que se ha abierto una lucecita que lo posibilite, ante la intransigencia de las Farc.

Recordemos el último gesto de voluntad política del presidente Uribe de liberar a 150 guerrilleros presos y aceptar la petición de su colega Sarkozy, de Francia, de hacer lo mismo con el llamado "canciller de las Farc", Rodrigo Granda, sin que hubiera siquiera una señal de reciprocidad.

Por ello es difícil esperar, con realismo, que la marcha de Moncayo, con todo lo que ella significa para el país en cuanto a la identificación de un anhelo nacional, logre ese milagro.

Lo que sí tenemos muy claro es que no puede ser Moncayo un personaje que pretendan capitalizar movimientos políticos o sectores de la opinión nacional con intereses diferentes. Y esperamos que la honestidad con la que emprendió su caminata en solitario por la libertad de su hijo lo preserve del intento que otros quieran hacer de su gesto de padre adolorido para convertirlo en causa política por parte de aquellos que desean aprovecharse del reconocimiento nacional que ha alcanzado, 46 días después de salir del anonimato en Sandoná.

El Presidente de la República, atendiendo una petición expresa del profesor dialogará hoy con él y así se lo hizo saber ayer al expresarle su admiración al celebrar su arribo a la Plaza de Bolívar. Esta conversación les permitirá seguramente reafirmar propósitos comunes sobre la liberación de todos los secuestrados.

Moncayo le mostró al país que la libertad es una causa noble que merece todos los esfuerzos que como humanos estemos en capacidad de realizar y, también, que el ideal de la libertad no puede ser constreñido por chantajes criminales.