HISTÓRICO
Muerte camino de Santiago
  • Muerte camino de Santiago | ILUSTRACIÓN MORPHART
    Muerte camino de Santiago | ILUSTRACIÓN MORPHART
Publicado el 25 de julio de 2013

Estamos conmovidos y nos mostramos solidarios con las familias de las víctimas y los heridos del accidente ferroviario ocurrido en la noche del miércoles en Santiago de Compostela, norte de España.

La cifra de víctimas, que asciende de forma preliminar a 80 pasajeros, dos de ellos colombianos, así como la larga lista de heridos, poco más de 130, demuestra la magnitud del percance y el dolor que embarga a los españoles, en momentos en que el país no atraviesa por una de sus mejores épocas en términos sociales, políticos y económicos.

Aun así, ha vuelto a aflorar de forma espontánea la solidaridad y la unión entre quienes vivieron de forma directa el accidente, porque los pasajeros que resultaron con lesiones menores se convirtieron en el acto en los mejores socorristas de los que quedaron atrapados entre los hierros retorcidos de los vagones del tren Alvia.

Muchos médicos que adelantaban un cese de actividades desde hace algunas semanas se reintegraron a sus trabajos y los sistemas de salud debieron suspender los servicios de donación de sangre ante la avalancha de voluntarios.

Pero las imágenes previas al siniestro y la posterior colisión del tren contra las barreras de protección en plena curva del sistema ferroviario son sobrecogedoras y arrugan el alma.

Sobre todo, después de conocer algunos mensajes de texto y expresiones en Facebook del maquinista, que hace alarde de su irresponsabilidad a la hora de conducir los trenes.

Ufanarse de ir a 200 kilómetros por hora o de activar las alarmas de la Guardia Civil por acción de los excesos de velocidad en la vía férrea, tal como se ha conocido después de esta tragedia, aumenta el dolor y la indignación ante un hecho que se pudo evitar.

Todo apunta a que fue un error humano el factor determinante de lo que ahora lamentamos. ¿Pensó el maquinista siquiera un segundo en la responsabilidad que tenía de llevar a buen destino a los 222 pasajeros del Alvia?

Esa reflexión debería extenderse no sólo a los españoles, sino a todos nosotros. ¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad a la hora de coger el timón de nuestro carro particular?

Las cifras de muertos por accidentes en carreteras en el país no parecen ser una buena respuesta.

En 2012, según el Fondo de Prevención Vial, fallecieron cerca de 5.600 personas en Colombia; esto es, un número similar a los hinchas que caben en la tribuna sur o norte del Estadio Atanasio Girardot. Una barbaridad.

Las víctimas en España pueden aumentar, dada la condición crítica de al menos 36 pasajeros, pero lo que ha quedado claro, pese a tanto dolor, es que el sistema férreo sigue siendo uno de los más seguros del mundo.

Las primeras investigaciones sobre el accidente en Santiago de Compostela arrojan que los mecanismos de alerta se activaron debidamente, pero el maquinista, al parecer, los desconoció, según las propias autoridades ferroviarias. La velocidad del tren antes del impacto era de 190 kilómetros por hora.

La presencia del presidente del Gobierno español, Mariano Rajoy, nacido en Santiago de Compostela, envía un mensaje de solidaridad a las familias afectadas y a los heridos, y obliga a las autoridades a realizar una investigación expedita y clara de las causas del siniestro.

Es lo menos que esperan todos los españoles y los cientos de miles de turistas de todo el mundo que siguen teniendo el tren como un medio de transporte seguro, económico y eficiente.