HISTÓRICO
NI LE CONOZCO NI ME CONOCE
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    NI LE CONOZCO NI ME CONOCE |
Por ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE | Publicado el 19 de noviembre de 2012

Una llamada al celular: "Buenos días señora Fulana de Tal. Me llamo Sutanita X, del banco para ofrecerle unos servicios porque tenemos buenas recomendaciones suyas. Pero antes debo hacerle unas preguntas para verificar que usted sí sea usted". "Señorita, ¿y yo cómo hago para confirmar que usted es quien dice ser? porque yo no respondo preguntas a extraños, y como usted no sabe si yo soy yo, ni yo tengo cómo comprobar que usted sí sea usted, para saber si le contesto a las preguntas, entonces esta comunicación no se puede realizar".

¿Le ha pasado que recibe un e-mail de un conocido diciendo que tiene un problema económico y que por favor le preste un dinero? Eso sucedió la semana pasada desde el correo del columnista y profesor José G. Ánjel robado por un hacker. Muchos de sus amigos en el mundo se vieron movidos por la solidaridad y casi le consignan un dinero, hasta que por pura perspicacia verificaron el fraude que se fraguaba. La unidad de delitos informáticos de la Fiscalía está atiborrada de denuncias similares.

El tejido social es quizá uno de los elementos más importantes que debe construir y mantener fortalecido una sociedad. Porque solo las sociedades capaces de caminar juntas hacia el mismo destino, logran sobrevivir en la historia. Si cada uno hala hacia su lado, el cuerpo social termina descompuesto.

Con el "mismo destino" me refiero al tema ético. Si una sociedad no comparte unos mínimos valores morales, es muy factible que el desmoronamiento la desintegre. Para mí, en este caso, esos valores morales es lo que todos ya sabemos: respetar al otro de tal manera que mi comportamiento no le genere miedo, dolor ni consecuencias negativas.

Partiendo de esta base quiero alertar sobre el camino de la desconfianza en el que cada vez más nos vemos obligados a movernos en este tiempo: aquí ya no sabemos quién es el otro porque se puede presentar con una máscara. Mientras las nuevas tecnologías nos benefician en ciertos aspectos, en otros generan retos para sortear situaciones a las que antes no estábamos expuestos. El problema es que si antes éramos desconfiados, ¿ahora tendremos que serlo más?

Las llamadas TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) hacen brotar con nuevas caras algunos problemas éticos: mentira, engaño y fraude por ocultamiento de identidad. Si no sé con quién estoy hablando y debo desconfiar de todos, nuestro tejido social será cada vez más poroso por aislamiento humano y la desconfianza impedirá que podamos sostener una sociedad donde vivamos seguros.