HISTÓRICO
NIÑOS MATANDO NIÑOS
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Por YOHIR AKERMAN | Publicado el 17 de diciembre de 2012

Es incoherente que en Estados Unidos haya mayores controles, reglamentos y regulación para la producción y venta de pistolas de juguetes que para los rifles semiautomáticos.

En ese país, por miedo al poder de la Asociación Nacional del Rifle, es más difícil adoptar una mascota, que comprar un fusil de asalto.

¿Tiene sentido?

La Administración de Seguridad y Salud de ese país cuenta con cinco páginas de regulaciones sobre las escaleras y sus usos industriales, mientras que las autoridades federales siguen dejando pasar la regulación sobre la compra de armas de fuego.

Los accidentes con escaleras acaban con la vida de unos 300 estadounidenses al año, mientras que las armas de uso personal dejan 30.000 fallecidos en el mismo periodo.

Absurdo.

Desde el lamentable ataque en Columbine en 1999, cuando 13 personas perdieron la vida, en el país han habido 31 tiroteos en diferentes escuelas.

La tasa de muertos por armas de fuego es 19,5 veces mayor que la de otros países de altos ingresos, y en los últimos 30 años, desde 1982, Estados Unidos ha llorado al menos 61 asesinatos masivos.

Pero el gobierno y la sociedad siguen sin hacer nada. Sin tomar acción. Uno tras otro, los Presidentes han salido a los medios a lamentar las muertes causadas por estos ataques y a establecer que hay que hacer algo. Pero nadie lo ha hecho.

Incluso cuando más estadounidenses mueren en homicidios y suicidios con armas de uso personal en seis meses, que los que han muerto en los últimos 25 años en todos los ataques terroristas en contra de ese país y las guerras en Afganistán e Irak juntos.

La tragedia no es otro tiroteo en alguna escuela, es la inacción frente al terrorismo interno de estos enfermos mentales atacando a su propia sociedad.

Ahora bien, desajustados y enfermos mentales los hay en todos los países. No es un problema de Estados Unidos. La diferencia radica en que en otros países no tienen el alcance o acceso fácil a los rifles de fuego para realizar sus ataques.

La misma mañana de la masacre en la escuela de Connecticut, un desadaptado atacó a más de 20 niños en una escuela primaria en China. La diferencia fue el arma y alcance. El chino atacó con un cuchillo y por eso no hubo víctimas fatales, mientras que el agresor en Connecticut tenía tres rifles semiautomáticos que eran de la colección de su madre y el resultado fueron 28 bajas entre las cuales estaban 20 niños entre 6 y 7 años.

Hay que regular la compra o porte de ese tipo de rifles. No toda las armas son iguales, y cuanto más rápido el fuego, mayor es el número de posibles víctimas.

Nadie necesita armas de fuego rápido para cazar o defenderse en su hogar. Ni siquiera los Policías las usan para proteger y servir.

Y si bien es cierto que la aprobación de una ley en contra de esas armas no las elimina, por lo menos las limita.

El país necesita mayor control de este mercado. Mayores requisitos y controles para comprar armas, y exámenes siquiátricos anuales para las personas, y su familia, que poseen armas.

No hacer esto, mientras que se sigue regulando la adopción de mascotas o el uso de escaleras, es tener un doble estándar moral que seguirá generando muertes de niños en sus escuelas.