HISTÓRICO
No es el momento
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No es el momentoPor
Fernando Londoño Hoyos

Que no es el momento de entrar en negociaciones con las Farc, nos dijo el General Freddy Padilla de León a propósito del reconocimiento de la muerte del sanguinario Tirofijo. Desde el punto de vista de la técnica militar, agregó, ese sería un error. Las Farc están muy golpeadas, pero todavía tienen que sufrir las inclemencias de su soledad, de su incapacidad de lucha, del aislamiento de sus grupos y de la superioridad de las Fuerzas Militares.

Oyendo al General Padilla recordábamos los ejemplos, tan numerosos, de armisticios que se pactan mal, en medio de victorias indecisas. El peor, por supuesto, el de Versalles, que no le puso punto final a la Primera Guerra Mundial, sino que le abrió espacio a la Segunda. Alemania se quedó con la humillación y con la duda, los dos terribles componentes de la revancha que entendió posible a través del nazismo. Que es el fin del fin, hoy nadie lo pone en duda, hallándole razón al propio general Padilla, cuando lo dijo en medio del escepticismo de tantos. Pero hay que dejar llegar el fin, de modo que lo sea de veras y no una tregua entre dos fuegos.

Tirofijo no murió el 26 de marzo pasado. Había muerto años atrás, pero el paro cardíaco, del que morimos todos, lo ocultaron celosa y para muchos eficientemente. Raúl Reyes alzó con el cadáver y lo montó en uno de sus computadores, desde donde siguió dando órdenes y declaraciones, y manteniendo vivo el problema que para el Estado representaba el Comandante, y viva la leyenda que valía para los guerrilleros y los frentes y los cabecillas del resto del país. Comandante vivo era igual que mito vigente, triunfo de la tenacidad guerrillera y prueba de la incapacidad de las tropas del Ejército. Por eso discutimos muchas veces el asunto e insistimos en que la noticia debía darse, siendo tantos los medios para probarla. Pero Inteligencia Militar vaciló, temerosa de una equivocación que pudiera costarle crédito. Ahora, muerto el ventrílocuo que lo sostenía, Tirofijo tenía que morir.

El anuncio de su muerte no pudo ser más revelador del momento que viven las Farc. La farsa de Timochenko, montada por Telesur, es decir, por el comandante Chávez, no ha podido ser más cómica. En una finca con cercas de cemento y bien lejos de la selva, sin hombres en formación, sin banderas ni aparato, pero con exquisita técnica para la televisión, la farsa deja claro que a Chávez se le fue el héroe y el consuelo que tenía, y resolvió montar el aparato que dejara la impresión de que seguía con interlocutor para sus fanfarronadas. Y si no, ¿con quién se ingeniará el próximo esperpento?

Timochenko no podía ser el nuevo líder. Pocos lo conocen al interior de las Farc y que vive en Venezuela es demasiado sabido. El Mono Jojoy es burdo e inmanejable. Así que se le ocurrió a Chávez lo de Cano, al que sabe perseguido y derrotado, quién sabe si también muerto, muy conveniente para encarcelarlo en otra computadora, que tratará de ocultar mejor que las de Reyes. Cano tiene la ventaja de que por su imagen "política" es sujeto al que se le pueden atribuir ciertas pretensiones para proponer la paz y manejarla con alguna habilidad para urdir el montaje del intercambio humanitario, con zona de despeje incluida, claro está.

El reconocimiento de la muerte de Tirofijo, que se hizo inocultable desde el bombardeo a Raúl Reyes nos dio la razón. Porque dijimos que con Reyes morían el primero y el segundo de las Farc. Como efectivamente murieron. Y deja patente un hecho dramático: el jefe de las Farc se llama Hugo Chávez. Cano y Timochenko son marionetas suyas. El secretariado no ha podido reunirse para tomar esa decisión, ni podrá hacerlo en ninguna circunstancia. Porque las Farc están vueltas pedazos. Así que el nombramiento lo hizo Chávez. Pero la impostura habrá que descubrirla, entre otras para que el nuevo jefe llegue más cómodamente a la Corte Penal Internacional. Y sobre negociaciones recordamos las palabras del General Padilla: "militarmente hablando, no es el momento".