HISTÓRICO
“NO PERMITAN QUE LOS EXCLUYAN”
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    "NO PERMITAN QUE LOS EXCLUYAN" |
Por STEPHANIE LE BARS | Publicado el 27 de julio de 2013

Después de horas de música y bailes de diverso estilo, de cantos entonados en un clima más que otoñal, después de la ovación de bienvenida que le brindaron cientos de miles de jóvenes al Papa Francisco, la playa de Copacabana se congeló. Con un minuto de silencio y oración, dedicado a la joven parisina muerta en un accidente de auto en Guyana, se dio inicio el jueves 25 de julio al primer encuentro del Papa con la juventud católica, reunida en Río de Janeiro hasta el 28 de julio.

El ambiente festivo no desmintió la tonalidad espiritual de la tarde. Usando una vez más una metáfora tomada de la vida cotidiana, el Papa les pidió a los jóvenes que "le pongan fe" a su vida, como "se le pone sal a un buen plato para darle nuevo sabor" e insistió en la misericordia de Dios.

En términos de forma, Francisco pudo dar toda su medida de pastor en el curso de la jornada, tomándole el gusto a "ser el Papa": saludando infatigablemente a las masas, lanzando besos al aire, abrazando bebés. Atrapó al vuelo los regalos que le lanzaba la gente hacia su vehículo abierto, cambió su bonete papal por otro que le ofreció un audaz fiel, bebiendo de paso un mate (infusión argentina) que le tendió otro asistente. "Quisiera estar más cerca de ustedes", afirmó. "A veces me siento un poco prisionero".

Rodeado por la población que vino a recibirlo en masa en el barrio bajo de Varginha, el Papa permitió que los niños se aferraran a su sotana y lo llamaran "padre Francisco", recibiendo de buen humor una playera de fútbol y logrando con la simple mirada que los jóvenes emocionados por su visita se calmaran para tener un momento de plegaria en silencio.

Pero el Papa aprovechó la ocasión más que nada para ampliar la vena social, como se ha esforzado en hacer desde su elección. En esta favela recientemente pacificada, él abogó por una "cultura de la solidaridad" en lugar de una "cultura del egoísmo" y criticó "las injusticias sociales, la corrupción y aquellos que buscan exclusivamente su propio interés".

Brasil vivió recientemente varias semanas de disturbios sociales y su población sufre de fuertes desigualdades. En sus palabras más directas a los políticos brasileños desde su llegada a Río, el Papa exhortó a "quienes poseen más recursos, las autoridades públicas y todos los hombres de buena voluntad a comprometerse por la justicia social". Y advirtió: "Ningún esfuerzo de pacificación será duradero, ni habrá armonía ni felicidad en una sociedad que abandona en la periferia a una parte de sí misma".

En esta favela, cuya población se ha volcado hacia las iglesias evangélicas, el Papa presentó a la Iglesia Católica como "abogada de la justicia y defensora de los pobres contra las desigualdades sociales y económicas intolerables que claman hacia el cielo". La cita la tomó del documento de la conferencia episcopal de Aparecida, que en 2007 definió el papel de la Iglesia Católica en América Latina y en cuya elaboración el Papa participó en su condición de arzobispo de Buenos Aires.

Pero fue al improvisar ante miles de peregrinos argentinos y hablando en español como el Papa Francisco encontró los acentos de principios de su pontificado: "La Iglesia debe de salir a la calle, hacer ruido, perturbar, no diluir la fe, para que no se convierta en una organización civil más".

Esa crítica recurrente es una manera de decir que la caridad no se limita a "darle pan al que tiene hambre". "Es un acto de justicia, ciertamente", reconoció el Papa, pero "existe también un hambre más profunda, el hambre de felicidad que solo Dios puede saciar". E insistió en "los bienes inmateriales: la vida, la familia, la educación, la salud, la seguridad". Ante sus eufóricos compatriotas, él denunció a "la sociedad que profesa el culto del dios dinero" y practica "una filosofía de la exclusión en los dos extremos de la vida: los jóvenes y los viejos". La marginalización de los ancianos, dijo, es "una forma oculta de eutanasia cultural". Y exhortó a los jóvenes: "¡No se dejen excluir…"

En ese contexto, un destacado personaje de la teología de la liberación, el brasileño Leonardo Boff, alabó el "valor" de Francisco en una entrevista con el periódico español El País. Con su proyecto de iglesia "pobre, humilde, despojada de los atributos del poder", el Papa se inscribe, según Boff, en "la herencia de la teología de la liberación", surgida "al escuchar los gritos de los oprimidos". No obstante, al igual que el Vaticano, el Papa Francisco se ha deslindado de esta corriente católica latinoamericana, considerada demasiado política y marxista.