HISTÓRICO
NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES
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Por Carmen Elena Villa | Publicado el 20 de enero de 2014

La llegada de un hijo es un acontecimiento que cambia la vida de casi todo ser humano. Los padres empiezan a ver el mundo a través de sus ojos. Muchos de ellos vuelven a ser niños al querer entrar en su mundo y buscar ser sus guías y compañeros de camino.

Pero en nuestro tiempo cada vez más personas llegan a ser padres o madres sin haber querido… es lo que vive el personaje principal de la película mexicana No se aceptan devoluciones.

Valentín, un joven mujeriego e indisciplinado, cuya vida transcurre en las playas de Acapulco, recibe la visita inesperada de Julie, una chica con quien había tenido una aventura un año y medio atrás.

La mujer le deja a su cargo a Maggie, su bebé de solo meses de nacida. "Es tu hija", le dice y se va a Los Ángeles sin dar mucha explicación. Valentín asume a la pequeña al principio con rabia y desconcierto pero luego va encariñándose con ella. Se va convirtiendo en un hombre responsable, asumido, valiente. Se encuentra con su vocación a ser padre y se vuelve capaz de cualquier sacrificio por su hija. Algo impensable en la vida andariega que tenía antes.

La película muestra también cuánto puede sufrir un niño que no tiene un padre y una madre que se quieren y viven con él.

Deja ver cómo muchas veces los papás se la tienen que ingeniar a la hora de explicarles a los niños por qué uno de los dos está ausente. Una realidad dolorosa para una mente tan inocente que reclama lo que por naturaleza le pertenece (en el caso de esta producción, la presencia de su madre).

La película me dejó pensando en cuánto sufren los niños al percibir que sus padres se pelean por su custodia, como ocurrió cuando la madre de Maggie regresó siete años después con su actual pareja para querer llevarse a su hija y formar una supuesta nueva familia.

Y esa realidad resulta tan difícil que muchos padres buscan eludirla y por ende, invitar a sus hijos a la evasión. En No se aceptan devoluciones, Valentín inventa las historias más creativas para que Maggie ni siquiera se imagine que su madre la abandonó cuando era bebé. La evasión muchas veces es la consecuencia de las familias disfuncionales. Algo cada vez más frecuente pero no por ello menos doloroso.

Pero más allá del drama, esta película enseña que a pesar de la inmadurez en la que muchos padres reciben a sus hijos, la paternidad les hace sacar lo mejor de sí. Que aunque la llegada inesperada de un hijo genera un rechazo inicial, los padres van viendo en ellos el tesoro más grande que les ha dado la vida.

Bonita enseñanza. Necesaria para una sociedad que en nombre de los derechos sexuales y reproductivos, quiere eliminar a los hijos no deseados y no entiende que ellos podrán cambiar, y para bien, la vida de sus padres.

Quizás sea eso lo que necesiten para dejar la vida disipada y descubrir la vocación que tiene todo ser humano a amar.