HISTÓRICO
NOSTALGIAS DEL TÍBET SURAMERICANO
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    NOSTALGIAS DEL TÍBET SURAMERICANO |
Por RODRIGO BOTERO MONTOYA | Publicado el 11 de septiembre de 2013

Las recientes manifestaciones de inconformidad rural han puesto en evidencia la necesidad de asignarle prioridad a la política agropecuaria. La transformación que ha experimentado la estructura productiva del país conlleva lograr, como ingrediente indispensable, un sector agrario moderno y competitivo. El diseño de la nueva política agropecuaria debe incluir la revisión de una estructura arancelaria excesivamente proteccionista, cuyo efecto ha sido perjudicar la productividad, retardando los cambios tecnológicos, y aumentando los precios de los alimentos y las materias primas. Si los reclamos de los trabajadores del campo se traducen en una revisión serena y coherente de la política agropecuaria nacional, habrán servido un propósito constructivo.

La inconformidad agropecuaria ha conducido a promover una agenda cuya finalidad poco tiene que ver con el bienestar rural o la equidad social. Empiezan a escucharse propuestas cuya conclusión lógica sería echar por la borda las directrices de la política económica y de la política internacional del país. En caso de que fuera cierto, tal como se ha sugerido, que el TLC con Estados Unidos ha producido un colapso industrial y agrícola, lo procedente sería denunciar el tratado bilateral de libre comercio. Pero eso no bastaría. Habría que denunciar el TLC con la Unión Europea, retirar a Colombia de la Alianza del Pacífico, descartar el ingreso a la OCDE y desmontar la apertura comercial. El consiguiente cierre de la economía haría necesario revivir el régimen de licencia previa para las importaciones y establecer el control de cambios. Esas características definen lo que Alfonso López Michelsen denominó el Tíbet de Suramérica.

Se ha afirmado, a la ligera, que el TLC con Estados Unidos ha causado la ruina del sector agropecuario de México. La realidad es otra. Como resultado del libre comercio, México se ha convertido en la granja de Estados Unidos, y Estados Unidos se ha convertido en el granero de México. Ese es el intercambio agrícola que era razonable prever, habida cuenta de la dotación de tierra fértil, tecnología y capital de los respectivos países. México obtiene acceso preferencial a un mercado próspero para el suministro de frutas y verduras, bienes intensivos en el uso de mano de obra. Al mismo tiempo, adquiere un proveedor confiable de cereales a buen precio. La ventaja es doble. Las exportaciones contribuyen a aumentar el empleo; las importaciones favorecen a los consumidores. Este es un ejemplo clásico de los beneficios que se obtienen por medio del comercio internacional.

Además de ser legítimo, es saludable que en un año pre-electoral se discutan propuestas de denunciar los TLC, cerrar la economía y dar un viraje radical en lo que concierne a las relaciones de Colombia con las naciones industrializadas. Esas propuestas constituyen todo un programa de gobierno. No deben quedar como formulaciones abstractas, hechas a la bulla de los cocos. Merecen ser presentadas en detalle. Los dirigentes políticos que las respaldan no pueden evadir la obligación de hacer explícitas las implicaciones económicas y sociales que tendría emprender el retorno al Tíbet de Suramérica.