HISTÓRICO
NUESTRO METRO: SIEMPRE SOBRE RIELES
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Por ELBACÉ RESTREPO | Publicado el 27 de julio de 2013

Cada vez que mi tarjeta Cívica me acredita como usuaria del Metro y el torniquete habilita mi paso, siento una emoción profunda por saberme dueña de esta maravillosa empresa. Sí, señores, dueña, porque el Metro es de todos.

Y cada vez agradezco a la vida por permitirme usar este sistema de rieles, catenarias, trenes, cables, buses y ya casi tranvías, que me lleva a mi destino eficazmente y que ha hecho de nuestra calidad de vida mucho más que un eslogan. Sí, ya sé que hay horas complicadas, que de repente algún agente externo interrumpe su servicio y que no es perfecto, pero no quiero ni imaginarme a Medellín sin él.

El Metro es la empresa pública con mayor índice de aceptabilidad por parte de los usuarios. No en vano acaba de ser reconocida como una de las 40 mejores empresas para trabajar en Colombia por la firma española Merco (Monitor Empresarial de Reputación Corporativa). Pero no piensan igual, al parecer, los afiliados a Sintrametro, el recién constituido sindicato del Metro que inicialmente nos llenó de temores.

En general los sindicatos no son de buen recibo, en parte porque a lo largo de la historia muchos han desviado su función de defender los intereses económicos y laborales de los trabajadores y han terminado por desangrar las empresas hasta llevarlas a la muerte.

No voy a cometer la osadía ni el irrespeto de meter mi nariz en las intimidades administrativas del Metro. Ni tampoco voy a cuestionar la existencia del sindicato porque es legítimo el derecho a la libre asociación, siempre y cuando se persiga el bienestar colectivo y no sólo los intereses particulares de los líderes sindicales.

Por eso, con el derecho que me da ser una de las 630.000 personas que a diario moviliza nuestro Metro, hago un llamado a la cordura, a la sensatez y a la justicia en momentos cruciales e históricos para esta organización, cuyo éxito radica, precisamente, en que ha sido manejada con criterios técnicos, lejos de los apetitos burocráticos de la politiquería. Y así debe seguir.

Ojalá puedan trasladar la Cultura Metro a la mesa de negociaciones, para que se reconozcan en la diferencia, para que no caigan en la polarización, para que no pierdan el norte y para que las dos partes puedan llegar, por lo menos satisfechas, a su estación de destino.

Alrededor del Metro palpitan importantes fenómenos sociales y económicos, gracias a una dinámica que no existía antes de él. Por si no lo han visto, los alrededores de las estaciones están llenos de comercio, a pequeña, mediana y gran escala, porque el Metro representa una lluvia de oportunidades para muchos y es, de lejos, el eje en torno al cual se ha desarrollado la ciudad en los últimos años, además de ser nuestra mejor alternativa, y la más económica, en movilidad.

Por eso debe seguir siendo una empresa firme que se consolida, no una que se divide y se derrumba.

Los ciudadanos necesitamos el Metro sobre rieles, como siempre lo hemos visto, nada debe descarrilarlo. Sería una tragedia para Medellín, y no sólo de transporte. Que Sintrametro no signifique sin Metro, porque la comunidad no lo resistiría, la ciudad lo padecería y la historia sería implacable con quienes se atrevan a poner por encima del bienestar general sus egos y sus ambiciones particulares.