HISTÓRICO
Obama descubre su segunda piel
EL COLOMBIANO | Publicado el 19 de enero de 2013
El presidente Barack Obama comienza hoy su segundo período, pero esta vez más lejos de la fascinación y el deslumbramiento que entraron por ósmosis en la piel de los estadounidenses al ver elegido al primer negro en la Casa Blanca.

Todo ese romance de los primeros años se desvaneció ante la fuerza de la realidad: una economía en crisis, unos niveles de desempleo con registros de calamidad, un Congreso hostil y varios frentes de guerra abiertos y sangrando.

El segundo tiempo de Obama no será menos fácil, pero sí más predecible.

La economía, pese a sus frágiles síntomas de mejoría, no encuentra flujo en el propio corazón del Congreso americano y los nubarrones de una nueva recaída levitan sobre los escritorios de los republicanos, dispuestos a hacer más difícil la tarea del demócrata que volteó la historia política de los Estados Unidos.

El déficit fiscal de la administración Obama, que amenaza con destrozar el poco capital recuperado de la crisis de 2008, es proporcional al devastador efecto que las dos guerras, en Irak y Afganistán, produjo en la confianza y optimismo de los estadounidenses.

Dispuesto a revertir ese legado, el Presidente ordenó el regreso de su tropa en Medio Oriente y ha demostrado que la figura bélica que heredó de su antecesor, George W. Bush, podría quedar para la galería.

Hasta ahí pocas sorpresas. Pero muchos los desafíos.

La segunda parte del Plan Obama y, en consecuencia, la posibilidad de que el Partido Demócrata pueda conservar el poder de Washington, estará atravesada por una promesa incumplida en la primera parte: la reforma migratoria.

La reelección del afroamericano no se dio por la novedad política de la primera vez, sino por la urgencia manifiesta de millones de estadounidenses que han estado detrás del telón "blanco" de los republicanos. Obama, y no sólo por su color de piel, encarna la reivindicación de las minorías raciales en Estados Unidos, entre ellas, por supuesto, los latinos y los afroamericanos.

El escaso margen de maniobra que aún tiene el Jefe de Estado está en la posibilidad de sacar adelante una reforma migratoria integral, cuya primera fase podría darse ya por cumplida: la reforma a la salud.

No le resultará fácil. Sobre todo, porque la recuperación económica no sólo depende de una mayor producción y más puestos de trabajo, sino, además de ello, de la voluntad política de los republicanos en el Congreso, hasta ahora atrincherados en sus doctrinas ultraconservadoras y dispuestos a no entregarle más munición a quien minó sus aspiraciones de regresar al poder.

América Latina, en general, y Colombia, en particular, no podrán aspirar a algo más de lo que ya entregó Obama en sus primeros cuatro años. Pero la aprobación de una reforma migratoria integral, por añadidura, sería el mejor aporte de Estados Unidos a la región.

La creación de más puestos de trabajo en el país del Norte siempre ha venido de la mano de un mayor envío de remesas al sur y, por ende, de un mayor dinamismo de la economía en ambos hemisferios.

El contexto internacional no se antoja menos adverso en lo económico y en lo político, pero si algo ha quedado claro en estos últimos años con Obama, es que Estados Unidos no será quien dé las órdenes, sino el que acompañe las de sus aliados.

Este Obama II, en últimas, será un presidente más maduro y calculador, y no el simpático orador del primer tiempo. Y eso, de por sí, ya es un gran avance.