HISTÓRICO
Zlatan Ibrahimovic, el egoísta y elegante rey del gueto
  • AP Ibrahimovic, acompañado en la imagen por otro goleador, el argentino Hernán Crespo, es genera pasiones y odiados entre los amantes del fútbol.
    AP Ibrahimovic, acompañado en la imagen por otro goleador, el argentino Hernán Crespo, es genera pasiones y odiados entre los amantes del fútbol.

Zlatan Ibrahimovic, el egoísta y elegante rey del guetoCopenhague, DinamarcaHace más de un lustro que Zlatan Ibrahimovic, compañero de los colombianos Iván Ramiro Córdoba y Nelson Rivas en el Inter de Milán, abandonó su Malmo natal para convertirse en estrella mundial, pero sus modos y su forma de jugar siguen siendo los del joven que creció en el gueto de Rosengård.

En este barrio donde el 90 por ciento de la población es inmigrante y conviven personas de 161 nacionalidades, con la tasa de parto más alta de Suecia, aprendió Zlatan -"hecho de oro" en serbocroata- a valerse por sí mismo, en la calle y en la cancha.

"Prefiero ser altanero y descarado, así no me pueden doblegar", dijo una vez Ibrahimovic, que procede de una modesta familia de emigrantes, croata y católica su madre, bosnio y musulmán su padre, de quien aprendió que sólo se puede confiar en uno mismo.

De su egoísmo y la creencia en sus propias posibilidades dio ya muestra cuando empezó a jugar al fútbol a los 10 años en el local FBK Balkan y en su primer entrenamiento, apostó 10 coronas suecas (algo más de un euro) a que nadie le quitaba el balón.

Eso le hizo impopular a ojos de sus compañeros y de su entrenador, que tuvo que ceder ante alguien capaz de meter 8 goles en su debut y remontar un 0-4 adverso en sólo 45 minutos, y acabó poniéndolo a jugar con chavales dos años mayores que él.

Como no sobraban las canchas en el barrio, Zlatan y sus compañeros se aficionaron a otra variante del fútbol: un concurso en el que ganaba el que firmara el truco más bonito, el regate más difícil, a menudo inspirados en lo que veían en la televisión.

Y esa afición la siguió desarrollando cuando, a los 13 años, dio el salto a los juveniles del Malmo, donde ya demostró que el fútbol para él lo era todo, según Johnny Gyllensjö, su técnico de entonces.

"Una tarde me dijo que lo dejaba, temía no estar a la altura, se obsesionaba con marcar. Hablamos durante todo el entrenamiento, intenté convencerlo de que no era lo único importante, que era un juego de equipo, que con su calidad, los goles volverían", recuerda.

Gyllensjö lo convenció y volvieron los goles para empujar pronto al joven Zlatan al primer equipo del Malmo, y de ahí, en 2001, al Ajax de Amsterdam, después de maravillar al ex técnico del Real Madrid Leo Beenhakker en un partido de entrenamiento en La Manga.

El Ajax se llevó a la joven promesa antes que el Arsenal, pagando casi 8 millones de euros, traspaso récord en el fútbol sueco.

Ibrahimovic siguió creciendo, debutó con Suecia en 2001 y explotó en la Eurocopa 2004, donde dejó un soberbio gol de espuela frente a Italia que acabó de convencer a la Juventus.

Sello de goleador
Impresionó en su primera temporada, pero decepcionó en la segunda, en parte por la decisión de Capello de alejarlo del área, y tras el descenso obligado del club turinés, se fue al Inter, en el que ha confirmado su estatus de estrella.

En sus equipos, ha dejado su sello de gran regateador y virtuoso, autor de goles imposibles, herencia del taekwondo que practicó de niño, y una coordinación impropia de un hombre de 192 centímetros.

Pero a Zlatan también se le achaca su divismo, reflejado en su guerra con los medios suecos y una lista interminable de exabruptos, como cuando afirmó que sólo una lesión le impediría ser el mejor o que su estilo no era ni sueco ni yugoslavo, sino el "estilo Zlatan".

Suecia se siente atraída por su carácter díscolo y lo admira por su talento -como testimonian las canciones, películas e incluso obras de teatro que ha inspirado-, pero no siente por él el respeto reverencial que genera el siempre mesurado Henrik Larsson.

Niño malo
Su gris Mundial y su boicot a la selección por su disputa con Lars Lagerbäck tampoco han ayudado, aunque su gran actuación frente a Dinamarca en Estocolmo selló la reconciliación con la grada.

A sus 26 años y padre por primera vez, ha ofrecido un perfil más sereno últimamente, consciente de que debe estar en la Eurocopa para demostrar el nivel que ha exhibido en sus clubes.

Mitad bailarín, mitad gángster, como un diario lo definió una vez, sigue siendo aun así el rey del gueto, el joven que se hizo pasar por policía para detener a una prostituta, el "gamberro número uno, el prototipo de niño que hubiera sido delincuente de no tener el fútbol", como dijo la directora de su escuela.

Que no ha olvidado sus raíces lo demuestra que hace un año inauguró en pleno Rosengård una cancha para los niños del barrio, bautizada por supuesto "Zlatan Arena":

"Puedo ver lo que significo para estos jóvenes, lo grande que soy aquí, en el sitio de donde vengo. Es importante que se fijen en alguien como yo para que descubran todas las posibilidades, que también se puede seguir este camino. Por eso lo hago", dijo Zlatan.