HISTÓRICO
¿PACTOS CON EL DEMONIO?
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    ¿PACTOS CON EL DEMONIO? |
Por FRANCISCO JAVIER SALDARRIAGA | Publicado el 03 de abril de 2013

Quien ocupa un cargo público debe tener un pasado muy limpio o mejor, debe mantener la prudencia para que cuando hable o actúe y pise callos, los afectados no le saquen los trapitos al sol y, si por cualquier motivo se los sacan, pueda convencernos de que su actuación fue limpia, desinteresada y de acuerdo con circunstancias que, en su momento, justificaban las palabras o las acciones.

Ahora los áulicos de Santos no pueden aceptar críticas de quienes no están de acuerdo con la forma de este señor dirigir al país y cada que alguien habla o manifiesta un desacuerdo sobre cualquier acto de ¿gobierno?, o expresa sus temores sobre lo que está sucediendo en La Habana, salen esos esbirros a calificarlo de extrema derecha, enemigo de la paz y guerrerista.

El enfrentamiento entre el expresidente Pastrana y el ministro de ¿Justicia? Carrillo, quien además de pendenciero y ordinario, muestra falta de argumentos pero sí muchas ganas de colgarles lápidas en la espalda a los críticos del gobierno, es una evidencia incuestionable de la sensibilidad de este gobierno, sobre temas que sabe que está manejando muy mal y, ante cualquier crítica, salen como gallos de pelea a mostrar sus espuelas e insultar o descalificar con términos acuñados dentro del socialismo del siglo XXI, para atacar a los críticos.

El chavismo está presente entre los gobernantes actuales de Colombia y se muestra cuando nos tratan, a quienes los criticamos, de extrema derecha, mano negra o enemigos de la paz. Con defensores de unos supuestos diálogos para conseguir la reelección o algún apaciguamiento que, ante cualquier observación, se enroscan cual serpiente venenosa y atacan con saña, creo que estamos muy lejos de alcanzar la paz y más cerca de terminar de polarizar al país.

Los colombianos hemos manifestado, en las encuestas, nuestro desacuerdo con la forma como se adelantan esas negociaciones, mostramos temor de que por afán de notoriedad internacional se hagan concesiones exageradas y dañinas para nuestro futuro inmediato, mediato y a largo plazo.

Hemos expresado nuestro desacuerdo con las acciones del presidente y todo su opaco equipo de gobierno, de hecho, el escepticismo ante esas conversaciones es mayoritario y abrumador y si este señor, tan amigo de gobernar con encuestas, no escucha ese clamor, muy seguramente terminaremos embargados por unos narcoterroristas que con cilindros bomba impusieron sus condiciones a un gobierno débil y regido por el ego de un personaje intransigente y empeñado con terquedad en algo que no tendrá resultados beneficiosos para el país. Una paz de papel es más dañina y peligrosa que una guerra declarada.

Los pactos con el diablo nunca han sido provechosos y ahora no creo que se pueda configurar una excepción.

Estamos presenciando la entrega de la nacionalidad entre personajes que, antes que nada, no inspiran confianza al resto de colombianos. No confiamos en quienes nos representan y mucho menos en los terroristas. Y nosotros, el resto de espectadores, seremos los que paguemos el pato de esos pactos demoníacos.