HISTÓRICO
País sacudido por el conflicto
  • País sacudido por el conflicto | ILUSTRACIÓN MORPHART
    País sacudido por el conflicto | ILUSTRACIÓN MORPHART
Publicado el 24 de julio de 2013

El conflicto armado es el eje transversal de la historia colombiana de los últimos 60 años. Víctimas y victimarios se descubren arrastrados por la turbulencia de un río de sangre del que no hemos podido salir.

La memoria individual, la memoria familiar, la memoria comunitaria, la memoria nacional, todas, están salpicadas por algún dolor, por algún episodio de violencia emanado de las armas y de la maquinación de los actores de una confrontación que nos ha sido muy cara en vidas exterminadas, destrucción material, afectación sicológica y pérdida de energías colectivas.

El dato más grueso revelado por el Centro de Memoria Histórica en su informe ¡Basta Ya… es suficientemente revelador: de 220.000 asesinatos, cometidos con ocasión del conflicto armado, entre 1958 y 2012, solo el 18,5 por ciento fue contra combatientes. El resto, 81,5 por ciento, fue contra civiles. Un registro desolador, porque muestra que el daño mayúsculo en estas guerras internas siempre lo sufren personas inermes y desvinculadas de los ejércitos en contienda.

Nos preguntamos si el país entiende que este exterminio entre colombianos equivale a borrar del mapa, por ejemplo, a ciudades capitales intermedias, aproximadas en número de habitantes, como Tunja o Sincelejo.

El número de desplazados también nos deja atónitos: se estima en 5 millones 700 mil personas, lo cual sería como sacar de sus lugares de habitación a todos los pobladores de los departamentos de Cauca y Valle del Cauca. ¿Entendemos la magnitud, la hondura de los problemas sociales, económicos, políticos y culturales que nos ha traído este conflicto?

Estas cifras y datos escalofriantes implican, entre tanto, niveles de brutalidad impensados en la ejecución de delitos atroces como violaciones, masacres y descuartizamientos, desapariciones, secuestros, asesinatos selectivos y reclutamiento de menores. Por ejemplo, los grupos paramilitares aparecen como autores de 1.166 de las 1.982 masacres cometidas en el país entre 1980 y 2012.

En materia de secuestros, las Farc y el Eln se convirtieron en verdaderas máquinas. Privaron de su libertad a 24.482 personas entre 1970 y 2010 (el 90,6 por ciento del total). Y esa guerrilla ha tenido el cinismo de decirle al país, en el contexto del actual proceso de paz, que no ha sido victimaria sino víctima. Esto remite, por supuesto, a la necesidad de verdad y justicia que reclaman las miles de personas afectadas por las acciones subversivas.

Este informe, ambicioso y detallado, debe alimentar las discusiones del proceso Gobierno-Farc que busca la terminación del conflicto armado en La Habana, en especial en el punto venidero de la agenda sobre las víctimas. Se trata de un documento pormenorizado porque incluye, además, el registro de las violaciones a los derechos humanos y las infracciones al Derecho Internacional Humanitario (DIH) cometidas no solo por los actores ilegales sino también por las fuerzas armadas oficiales.

En un país que ha sufrido la fuerza desmedida y arbitraria de los actores del conflicto (interesados en el encubrimiento y la desmemoria), buscar luces y explicaciones a lo ocurrido, a partir de investigaciones meticulosas que combinan documentación histórica y reflexiones académicas y prácticas, constituye dar un paso firme a posibilidades de reconciliación y justicia.

Contextualizar lo ocurrido, comprenderlo y cuantificarlo con precisión nos abre alternativas no solo al duelo sino a las posibilidades futuras para cicatrizar y reconstruirnos.