HISTÓRICO
Palomas contra el patrimonio
Por CAROLINA BETTI | Publicado el 22 de agosto de 2013
Cuando Jorge Marín, párroco de la iglesia San Ignacio de Loyola inició su labor, vio cómo se llenaban volquetas con el excremento de paloma que fue retirado de las fachadas y los techos de la edificación.

La imagen que el sacerdote describe es muestra de que en Medellín hay sobrepoblación de esta especie que se reproduce sin control y vive sin la amenaza de los depredadores.

Héctor Puert a, administrador del Paraninfo de la U. de A., explica que la cantidad de estas aves en San Ignacio crece cada día. Asegura que hace meses viene sufriendo la estructura del edificio, debido a que las heces de las palomas corroen piedras, dañan cornisas y degradan fachadas.

"Aunque hemos utilizado un gel en los capiteles donde hacen sus nidos, ellas esperan a que este pierda fuerza y regresan. Lo único que sirvió en las buhardillas, fue instalar mallas para que no entraran", dice.

Jorge Marín, párroco de la Iglesia San Ignacio de Loyola, comenta que el deterioro en la planta física del templo es evidente. "El problema es que la gente sigue alimentándolas y esto las estimula a permanecer en el lugar".

Etilvia Vallejo, médica veterinaria de la Secretaría de Medio Ambiente, explica que son las personas quienes causan estas situaciones, debido a que cambian los hábitos alimenticios de las palomas, volviéndolas sedentarias y evitándoles su desplazamiento normal.

En países como España, se utilizan fármacos anticonceptivos para controlar la natalidad de las palomas, lo que es considerado un control ético y de respeto a los animales, por la organización AnimaNaturalis.