HISTÓRICO
PAPA QUE APUESTA POR LOS JÓVENES
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    PAPA QUE APUESTA POR LOS JÓVENES |
Por CARMEN ELENA VILLA B. | Publicado el 05 de agosto de 2013

¡Esta juventud se perdió…

Es lo que a veces repetimos quejumbrosos porque hace más noticia un grupo de jóvenes delincuentes o viciosos que un puñado de muchachos que invierten los mejores años de su vida en hacer el bien.

Muchachos como los tres millones en la playa de Copacabana en Río de Janeiro, durante la Jornada Mundial de la Juventud, a la cual yo también tuve la bendición de asistir.

Lo que sucedió allí fue tan especial que es necesario digerirlo con el tiempo y guardarlo en el corazón.

Me impactó positivamente la alegría tan sana.

Dentro de los mares de gente con los que me topé todo el tiempo, no vi a nadie tomando o acudiendo al vicio. Y no había ningún letrero que lo prohibiera. Y es que la alegría que se vivía allí era tan auténtica que no necesitaba de ningún estímulo artificial.

Alegría que combinaban muy bien con un profundo recogimiento y con escucha atenta al Papa. Cuando esto ocurría el silencio en Copacabana era casi total y el fervor de estos chicos era contagioso.

Muchos me comentaban cómo percibieron la cercanía y calidez del Papa Francisco, de constatar que él apuesta por esta juventud:

"Para que mi fe no sea triste he venido aquí para contagiarme con el entusiasmo de ustedes", dijo el Papa en la fiesta de bienvenida el 25 de julio.

El Papa les habló con mucha cercanía pero sin diplomacia.

Los invitó a no ser cristianos almidonados, a jugar en el equipo de Jesús, a ponerlo a Él en el centro de sus vidas. Les preguntó si ellos estaban dispuestos a acompañar a Jesús en la cruz, como lo hicieron María o Simón de Cirene, o si se lavarían las manos como Pilato:

"¿Yo soy un joven, una joven, atontado? (…) ¿Tengo valor o soy cobarde? (…) ¿Tengo en mi corazón la costumbre de jugar a dos puntas y quedar bien con Dios y quedar bien con el diablo? …".

Y a los consagrados nos pidió, durante una misa celebrada en la catedral de São Sebastião, no ser desmemoriados y recordar que hemos sido llamados por Dios para entregarle nuestras vidas.

Nos exhortó a escuchar a los jóvenes con quienes trabajamos, a no escatimar esfuerzos en su formación, a lanzarlos para que sean discípulos y misioneros y acompañar todo esto con una base fundamental: la oración.

Pienso que si cada joven -los que asistieron y los que siguieron este evento por los medios- pone en práctica lo aprendido en estos días, contribuirá con su grano de arena a hacer una diferencia tan grande como lo son las enormes playas de Copacabana.

"Nunca tenemos que olvidar que las Jornadas Mundiales de la Juventud no son ‘fuegos de artificio’, finalizados en sí mismos; son etapas de un largo camino iniciado por Juan Pablo II en 1985", dijo el Papa el pasado domingo en Roma durante el rezo del Ángelus haciendo alusión a este evento inolvidable.