HISTÓRICO
PAPELES, TAN SOLO PAPELES
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    PAPELES, TAN SOLO PAPELES |
Por ÓSCAR HENAO MEJÍA | Publicado el 17 de enero de 2013

No me refiero a la canción de Enrique Guzmán que nos trae la nostalgia de los años 70, sino al arrume de inútiles folios que produce la ruidosa moda de las certificaciones, y al nuevo concepto empresarial de la educación en el país.

Se ha empapelado la gestión educativa, y el apretujamiento de responsabilidades para diligenciar formatos le ha restado efectividad a la acción pedagógica. Gran parte de la preocupación de maestros y directivos es por el tiempo que invierten en llenar informes que ni ellos leen. Los escriben para cumplir el requisito burocrático.

Valdría la pena hacer inventario entre las oficinas que tienen que ver con la gestión educativa, tanto del nivel ministerial como de las secretarías departamentales y municipales, para enterarnos sobre cuántos de sus empleados son para acompañar de forma efectiva los procesos de aprendizaje, y cuántos para administrar el arrume de papeles que a diario reciben. Y, también, una estadística sobre qué porcentaje de esos millones de folios que se radican en las oficinas alcanza el rigor de la lectura y la respuesta proactiva de los funcionarios.

Los papeles inundan la escena viva en la que podría darse el aprendizaje. Cronogramas, planes operativos, mapas de procesos y flujogramas, más que brújulas útiles, terminan siendo vericuetos rebuscados de cómo hacer las cosas, y se convierten en camisas de fuerza que frenan los proyectos trazados.

De mayor preocupación es la forma como se está redefiniendo el rol de los directivos docentes. Quince años atrás se empezó a impulsar la idea de entenderlos como "gerentes" de una "empresa" educativa. Ahora vemos que es fatal esa percepción, y han perdido su liderazgo y entusiasmo pedagógico por el agobio de tareas burocráticas de control, estadística y gestión de finanzas, que quitan aire a su papel como líderes pedagógicos, y les siembra el temor a dar pasos no acertados en disciplinas que no son de su formación profesional, y por los que podrían resultar comprometidos en investigaciones o procesos disciplinarios.

La educación tiende a ser una gestión más burocrática que formativa. Se ha minimizado el acompañamiento del aula, de los procesos informales de la escolaridad, para ocupar el mayor tiempo con papeles y trámites.

En vez de estos requerimientos vacíos, propondría un punto de equilibrio que permitiera modernizar la gestión educativa sin menoscabar el asunto esencial de la escuela: el aprendizaje. Más que rellenar aburridos formatos, valdría la pena promover entre los docentes ejercicios de escritura sobre sus modos para alcanzar éxito en el acompañamiento de los estudiantes, y que, a raíz de ese registro, desarrollaran también una disciplina de investigación, que tendría, como bien sabemos, no sólo impacto directo en la mejora de las propias prácticas, sino, además, la oportunidad de transferencia positiva para otros colegas.