HISTÓRICO
PARA SACIAR SU VANIDAD
Por Cristina De Toro | Publicado el 30 de marzo de 2013
Después de conocer el comunicado que los narcoterroristas de las Farc publicaron en su página de internet con el fin de conmemorar el quinto aniversario de la muerte de alias “Tirifijo” (el pasado martes 26 de marzo), los colombianos podemos darnos cuenta de la gravedad de lo que se está cocinando en La Habana.
Es un hecho que este Gobierno ya les hizo toda clase de ofertas “dos o tres puestos en el Congreso, el paseo por unos meses de un comandante en el cargo de ministro de trabajo o de salud”, unos cargos públicos medios y “unas cuantas promesas”, (vaya uno a saber de qué magnitud), que para ellos son nimiedades que no están dispuestos a recibir a cambio de su rendición incondicional, entrega de las armas y sometimiento a las políticas del Estado, tal como lo dejan consignado en ese documento.
Califican al gobierno del presidente Santos de ingenuo “por haber creído que llevaba a la Mesa, una guerrilla derrotada y desconectada de la realidad carente de propuestas e iniciativa política” y de cínico “porque pretenden descargar sobre los hombros de la insurgencia la responsabilidad del conflicto, presentando al Estado terrorista como víctima y a la resistencia popular como victimario”.
El presidente Santos será cualquier cosa menos ingenuo, él, mejor que nadie, conocía las situación de los terroristas, era consciente de que, a pesar de haberlos arrinconado, todavía faltaba, sin embargo, su afán por sobrepasar los logros de su antecesor y alcanzar la gloria predominó.
Igualmente, sabía que la paz no se logra por el mero hecho de firmar un pedazo de papel titulado Acuerdo general para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera, y menos aún, si es conseguida a costa de abusivas concesiones, así él diga que la justicia no puede ser impedimento para la consecución de la paz.
Lo que está haciendo es extremadamente grave, porque está dejando sentando el precedente de que la violencia es un negocio muy rentable puesto que, además de impunidad, da licencia para intervenir en la agenda nacional, para legalizar dineros y bienes producto del narcotráfico, para obtener el dominio político y económico de extensas zonas rurales (zonas de reserva campesina), acceder al Congreso, ser ministro, etc.
No en vano el moribundo ELN (Ejército de Liberación Nacional) revivió y ha mostrado tanto interés en entablar conversaciones, no demorarán en hacer lo mismo las distintas bandas de criminales y de narcotraficantes que operan en el país.
Ahora bien, si desde el comienzo fue más que evidente que los narcoterroristas iban a manejar los tiempos y el contenido de lo supuestamente pactado en los tales Diálogos Exploratorios, hoy no cabe la menor duda de que tienen la satén por el mango y van a hacer cuanto esté a su alcance para sacar el mayor provecho. Y, cómo no, si hace rato saben que tanto la reelección, como el ansiado premio Nobel de Paz, credencial que busca desesperadamente el presidente Juan Manuel Santos, para acceder a un lugar de privilegio en los anales de la historia nacional, está en sus manos.
Por fortuna quien hoy le dice no a la impunidad y clama por la rendición incondicional de los narcoterroristas, no es la “clase dominante”, como creen esos criminales, no, es el dolido pueblo colombiano que ha sido víctima de sus atroces crímenes y está dispuesto, si es preciso, a apelar a la Corte Penal Internacional.
Patético ver hasta dónde es capaz de llegar un individuo con tal de saciar su vanidad.