HISTÓRICO
Patria
Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 10 de agosto de 2008
Se ha escrito hasta la saciedad sobre la falta de Estado en Colombia. Una exageración con mucho de verdad, sobre todo para el siglo XIX. Exageración porque algo de Estado siempre ha habido, un poco con Bolívar y otro tanto más desde Núñez, hasta que el dúo Samper-Pastrana casi nos desbarata. Mucho de verdad porque ha sido un Estado débil, socavado por las disensiones internas, los pequeños regionalismos y los grandes intereses privados.

Sin embargo, la mayor verdad es la debilidad de la noción de patria. Para los tradicionalistas la patria fue siempre una idea sagrada pero vacía como bien lo expresa el verso de Caro ("te adoro en mi silencio mudo"). Una idea que no podía tener materialidad ninguna, como lo demuestra el escándalo reaccionario que se desató cuando Pambelé se puso la bandera como pantaloneta para decir de dónde era en medio de un cuadrilátero asiático. Para los liberales de peluquín la patria es una idea peligrosa y lo mejor era que no se mencionara tal cosa y menos aún que existiera. La izquierda socialista colombiana (con excepción del M19) nació internacional y así apátrida.

Ha sido una coincidencia afortunada que en las inmediaciones de 1990 se haya revalorizado una identidad común y un vocabulario y unos símbolos asociados a ella, que son lo que significa la patria en el sentido clásico del término. Los triunfos deportivos que traían Cervantes, Happy Lora, Lucho Herrera y la Selección de fútbol, se unieron a la alegría de las paces con varios grupos armados y el acuerdo nacional que se dio alrededor de la Constitución de 1991. Eso le ha dado un realce a la idea de patria, que le produce un nuevo contexto y más trascendencia al sancocho, el vallenato, el realismo mágico y el café.

Las marchas del 20 de julio podrían representar otro hito fundamental. En Colombia sólo marchaban en las calles los partidos y los movimientos sociales clasistas. En el 2008 empezó a marchar lo más parecido a un pueblo, con consignas que le dan un contenido a la unidad de esa multitud y le proporcionan conciencia de una misión: vivir en paz, vivir en libertad, hacer respetar la voluntad popular que es más que encuestas y votos.

La idea de patria es fundamental porque sin ella todas las demás, democracia, igualdad, justicia, carecen de sentido. Para tratar con igual consideración a los demás, para garantizarles sus derechos, para que su voz se oiga, se requiere una noción clara de quiénes somos. Y para la tarea que viene, que es la de la reconciliación, es primordial saber quién -por descarriado que sea- hace parte de esta herencia.