HISTÓRICO
Pesebres hechos de plástico y recuerdos
  • Pesebres hechos de plástico y recuerdos | Fotos: Julio César Herrera | Daniel Bartolini heredó de su papá, Vittorio, la creatividad para hacer pesebres. En Bartoplás también hacían muñecas y juguetería.
    Pesebres hechos de plástico y recuerdos | Fotos: Julio César Herrera | Daniel Bartolini heredó de su papá, Vittorio, la creatividad para hacer pesebres. En Bartoplás también hacían muñecas y juguetería.
Mónica Quintero Restrepo | Publicado el 18 de diciembre de 2010

Era un pesebre, como dirían las abuelas, de lavar y planchar. Podía pasarle el ventarrón de un niño, de esos que cogen a María y le muerden los pies, ponen las ovejas patas arriba y a José de Pastor, y el pesebre... sin un rasguño.

Durante un tiempo, y Daniel Bartolini está seguro de ello, fueron pocas las familias que no tenían un pesebre del Taller Italiano, o si le suena más, de Bartoplás.

"Yo me acuerdo de las figuras grandes del pesebre, que ocupaban un cuarto completo", recuerda Julián Posada, consultor e investigador de moda.

Eran todos de plástico y de diferentes tamaños, porque los había desde los 9 centímetros hasta los 50. Estaban los clásicos, que eran de colores fuertes, y los bíblicos, de colores tierra. Traían ocho figuras, aunque también se conseguían ovejas, pastores y hasta casas.

La historia comienza por allá en el año de 1928, con el italiano Vittorio Bartolini. Era un escultor que se vino con unos compatriotas. Subieron desde Argentina, según expresa Daniel, su hijo, a lomo de mula. Iban para Estados Unidos, pero Vittorio se amañó en Medellín.

Empezó con el Taller Italiano de Escultura y hacía imágenes religiosas de tamaño natural, en yeso. "Él creaba imágenes, no copiaba -dice Daniel-. La Dolorosa es de las más famosas y creó unos pesebres clásicos, que se vendían poco".

En 1954 le dio por hacer muñecas y juguetes y crearon Bartoplás, que en los años 60 ya tenía una fábrica de unos tres mil metros y "era la segunda del país de muñequería".

Fue cuando en el 73 se murió Vittorio, pero les dejó a sus hijos, Daniel y Humberto, un aprendizaje que los llevaría a finales de los 70 a abrir de nuevo el Taller Italiano, que después quedaría absorbido por Bartoplás, y toda la moldería que había en yeso, la pasaron al plástico, entre ellos, seis pesebres.

Y ahí sí, "casi que tumbaron a las muñecas", se ríe Daniel. Tuvieron tanto éxito, que sólo en estos hicieron unas 40 referencias, muchas de las cuáles hizo él, empezando con un terrón de cera y "noches enteras modelando y dibujando y tallando, para hacer los moldes".

Hasta hicieron pesebres infantiles, más caricaturescos, donde los pequeños podían bajar al Rey Mago del camello. "Los pesebres se volvían juguetes. Es que sí son para regañar a los niños, mejor no tenerlos".

Y quizá ahí estuvo el secreto de los famosos pesebres, que algunos todavía sacan en diciembre y que tantos guardan en su mente. La última producción fue en el año 2000. Todo el año hacían pesebres en Bartoplás. A veces, San José llevaba una lámpara en las manos y las otras, estaba arrodillado, junto al Niño Dios. Hasta María tuvo paticos en los pies.