HISTÓRICO
PIDO LA PAZ PARA ESTA GUERRA
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    PIDO LA PAZ PARA ESTA GUERRA |
Por ELBACÉ RESTREPO | Publicado el 13 de abril de 2013

En mi plan de trabajo estaba contemplado escribir un artículo amable y relajante para este domingo. Pero la realidad no da tregua y la ilusión de ser como la sombra de un árbol frondoso en una tarde veraniega se deshizo en un chasquear de dedos. O en el apretar de un gatillo, para ser exacta.

Sucedió esta semana, temprano, justamente la noche antes de la marcha por las víctimas de la violencia. Llegaron con sus armas poderosas a fumigar la calle por la que transitaban decenas de personas. Esta vez cayeron muertos dos muchachos serios, sanos, sin deudas con la sociedad, que, al contrario, les quedó debiendo. Pero cometieron el delito de estar en la calle, un territorio que ahora les pertenece a otros.

Sentí el dolor desgarrador de sus madres. En medio del aturdimiento que les dejaron las ráfagas, sosteniendo los cuerpos agonizantes de sus hijos, ni se percataron de que al día siguiente harían parte de una lista de víctimas que cada vez es más larga.

Algunos dirán que no alcanza el número para ser matanza. Es posible, pero el ataque deja en evidencia que las fronteras invisibles cada vez se amplían más, hasta que un día no podremos dar un paso afuera de la puerta de la casa. De cuadra en cuadra se van apropiando de la ciudad entera, sin distingo de estratos.

La guerra está declarada en el país. Generaciones enteras no hemos vivido en paz jamás. No conocemos el olor, el sabor ni el color de ese monosílabo esquivo. Y tal vez por eso no sabemos hacer nada por ella.

Buscando derrotar el pesimismo acudí a un amigo, la enciclopedia (ambulante) en la que más confío, para que me ayudara a hacer un análisis de la paz en Colombia por épocas. Encontramos intentos de negociaciones, unos más serios y comprometidos que otros, pero todos fracasados. La conclusión final fue desalentadora: desde 1946 hasta hoy no hemos tenido un solo día sin guerra.

Y dudamos de que lo haya en el futuro. Envidio el optimismo de quienes creen que las conversaciones en Cuba darán frutos, pero ¿qué pasará con los otros animadores de la violencia, las bacrim, los delincuentes comunes, las bandas del narcotráfico, del microtráfico, las desigualdades sociales, las injusticias laborales y todos sus derivados?

Mientras en La Habana cierran por Navidad, por Semana Santa o porque falta que llegue algún ideólogo matachín de la guerrilla, en el perímetro cercano de cada colombiano la violencia sigue campante y sin pausa.

Allá se negocia la paz "sin zonas de despeje, sin cese el fuego y con dignidad para todos", pero en algunos barrios de Medellín, y seguro de otras ciudades, un grupillo de matones se apropia de unos metros más de nuestras calles, (despeje), hasta que un día se queden vacías, habitadas por los fantasmas de los que se murieron sin saber que salir a comprar una gaseosa les costaría la vida.

Lo de dignidad para todos suena a eslogan de presidente en campaña, bonito pero increíble. Que no habría cese el fuego sí es verdad. No cesa.

A la hora de escribir este clamor el barrio está afligido, amedrentado, solo.

Tal vez se fueron muy lejos a firmar la paz los que hace tiempo perdieron el control sobre esta guerra.