HISTÓRICO
POBRES LOS POBRES
  • POBRES LOS POBRES |
    POBRES LOS POBRES |
Por ALBERTO SALCEDO RAMOS | Publicado el 13 de abril de 2013

Julio, portero del edificio en el que vivo, refunfuñó frente al pequeño televisor que lo acompañaba en su puesto de trabajo. Le pregunté si tenía algún problema.

- Ahí están hablando otra vez de guerrilleros y paracos- respondió, mientras señalaba la pantalla.

Quise saber por qué le molestaba eso. Julio giró el tronco para darme la cara.

- Yo en mi barrio no he conocido ni a un solo paraco ni a un solo guerrillero -dijo.

- ¿Y cuál es el problema?

- El problema es el hambre. De eso no dicen nada.

Calló unos segundos y luego prosiguió.

- Esta mañana una vecina se desmayó porque ayer no comió nada. Yo la ayudé a levantar del suelo.

Cuando me disponía a abordar el ascensor, oí sus últimas palabras.

- Si se hubiera muerto por el golpe que se dio en el piso, ¿qué? No la hubieran matado ni los paracos ni los guerrilleros.

La protesta de Julio me motivó a desempolvar unos apuntes que tenía guardados para una columna sobre el tema.

Descubrí que había anotado una idea emparentada con la suya: en Colombia el conflicto armado nos ha causado daños ciertos, pero también ha servido como pretexto para enmascarar nuestros males de fondo: la exclusión, las desigualdades, el desinterés de los gobernantes en los débiles, aquellos que no manejan una chequera generosa para financiarles a ellos, a los gobernantes, sus campañas políticas, ni tienen la jerarquía para hacerse oír en las altas esferas del Estado.

El problema concreto de la vecina de Julio es su propia miseria, no la guerra. Ella solo pide por ahora –para decirlo con el doloroso verso de Neruda– "la justicia del almuerzo". Pero en este país en el que el marketing político depende casi exclusivamente del conflicto armado, las voces de la gente hambrienta son inaudibles.

Seguí revisando mis apuntes y entonces me topé con el siguiente fragmento: "La ONU dice que en 2015 la pobreza extrema afectará a mil millones de personas en el mundo".

Continué la lectura. "1.200 millones de personas sobreviven con un dólar diario (1.800 pesos); 925 millones pasan hambre; 114 millones de niños en edad escolar no acuden a la escuela".

Cifras, cifras. Dicen mucho y nada al mismo tiempo. Fueron divulgadas, por cierto, en uno de esos congresos costosísimos que los ricos organizan de vez en cuando para hablar sobre los pobres.

Al releer los apuntes recordé que el año pasado un funcionario de Planeación Nacional pretendió convencernos de que un colombiano que gane 190 mil pesos al mes ya no pertenece a la línea de pobreza extrema.

"Vaya, vaya", escribí en aquel momento. "Lo que más me intriga no es dónde mercan estos burócratas indolentes, sino dónde diablos compran sus calculadoras".

Entonces vi el rostro de la vecina de Julio, a pesar de que en realidad nunca lo he visto, y encontré una sentencia que tenía subrayada y que me pareció más reveladora que todas las cifras. Es del sociólogo Alberto Morlachetti: "quien muere de hambre, muere asesinado".