HISTÓRICO
Política de Coquito
  • Jorge Giraldo | Jorge Giraldo
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Jorge Giraldo | Publicado el 13 de junio de 2010

Para la generación del Frente Nacional, o sea los que nacimos después de la Dictadura, la figura de Coquito representa la infancia, el primer aprendizaje y los conceptos elementales. Así que decimos que algo es de Coquito cuando se trata de un asunto que cualquier letrado debe saber. Buena parte de la discusión que se ha suscitado en esta campaña electoral se ha desarrollado como una banalización de los tres pilares de la propuesta del Partido Verde como "política de Coquito". Esos tres pilares son: la vida es sagrada, los recursos públicos son sagrados y no todo vale.

La vida es sagrada remite a un principio moral establecido en todas las constituciones políticas y se enuncia como derecho y garantía de la vida de cada uno de los seres humanos, pero se extiende a la protección de la integridad de las personas y a la inviolabilidad de su cuerpo. A pesar de esa universalidad, en la sociedad colombiana hay una sistemática desvalorización de la vida que se refleja en altas tasas de homicidios y síntomas preocupantes de uso desmedido de la violencia por parte de la fuerza pública.

El cuidado de los recursos públicos representa el control de la ineficiencia, pero ante todo el bloqueo de los canales para la desviación o expropiación de dineros que pertenecen a la comunidad. El descenso de Colombia en los ranking mundiales que miden transparencia y corrupción, aunados a la caracterización de un sistema político con peso fuerte del clientelismo, configuran un diagnóstico que debe tomarse en serio.

El respeto a la ley, la eficacia del control social y de la regulación que se origina en normas morales o en preceptos religiosos son indispensables para que la igualdad social, la dignidad de la persona y la convivencia sean posibles. Estos tres ejes de la campaña de Antanas Mockus indican males sociales, no sólo disfuncionalidades del Estado. Apuntan a la responsabilidad de los gobernantes y otros líderes y élites, pero también convoca a la responsabilidad y al cumplimiento del deber por parte de cada ciudadano.

El columnista Fernando Londoño Hoyos, con su sarcasmo habitual, ha tildado esta propuesta de "evangelio de lugares comunes" ( El Tiempo , 02.06.10). Sin embargo estos lugares comunes han sido el centro de las tesis de dos líderes políticos en las últimas décadas: Luis Carlos Galán y Álvaro Gómez Hurtado. El primero enarboló la bandera de la moralización de la política y fue acusado de fundamentalista; el segundo propuso un "acuerdo sobre lo fundamental" para transformar el régimen político. Ambos fueron asesinados.

Por fortuna, las cosas han mejorado en Colombia y no cabría esperar que Mockus corriese tan negra suerte, pero la avalancha de críticas, malinterpretaciones e insultos contra su ideario es una mala señal. Una sociedad tiene que estar muy enferma cuando la prédica de la virtud se convierte en objeto de escarnio y burla.

Incluso la más ingenua de las reacciones encierra graves síntomas. Algunos dicen que la propuesta de Mockus no se entiende. ¿Qué significa eso? ¿Sorpresa por lo obvio que, sin embargo, no funciona en la vida diaria? ¿Incomprensión originada en la divergencia y por lo tanto en una posición moral diferente? ¿O será simple cinismo?