HISTÓRICO
PUEDE SER UNA LOCURA
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    PUEDE SER UNA LOCURA |
Por ÓSCAR HERNÁNDEZ M. | Publicado el 17 de junio de 2013

Sí, puede ser una idea descabellada, si es que alcanza a ser idea, pero se me ocurre que los farcianos que están hoy en La Habana podían quedarse en esos predios si se llega a consolidar un acuerdo de paz.

Lo cierto es que no veo nada de extraño en que muchos de los jefes, o los que así lo deseen, ocupen una casita o una habitación en el hotel revolución y hagan sus vidas lejos de la malaria, la leismaniasis y los males estomacales. Por allá, en la Calle del Pecado, se puede conseguir un buen vividero. Lo digo de verdad, no es mala leche.

En cuanto a la gente que anda perdida o semiperdida en la manigua, al firmarse el tratado, que sigan de vigilantes en el monte y que se les pague un salario normal. Qué dice de esto el mandamás oficial del medio ambiente. ¿Muy loca o estúpida la idea? Si me dice que estúpida, le preguntaría si es muy sensata la de darnos bala los colombianos durante más de medio siglo.

Acepto burlas y regaños por la nota anterior... Cuántos de mis lectores estarían felices dorándose al sol en las playas de Varadero...

PAUSA: Hay algo terrible en la pobreza: la sobredosis.

TECNOLOGÍA: Siempre hemos tenido o sufrido la tecnología. Podríamos hablar de troncos de madera arrastrados por el restrojo hasta la aparición de la famosa parihuela, cargada por un hombre en cada punta y que fue la admiración de la tribu y el lamento del abuelo conservadurista con su frase: adónde iremos a parar con estos inventos... Y años más tarde, otro abuelo que se mesaba las barbas y maldecía al ver que un solo obrero impulsaba una carreta con una rueda adelante... Y movía una buena cantidad de tierra.

De ese modo avanza la tecnología, empezando por trozos de madera, ruedas primitivas, metales descubiertos y trabajados y complejidades de todos los tamaños, colores y sabores. Por su puesto que lo de hoy es casi la sublimación de aquel tronco empujado o halado por un hombre, pero debemos esperar pasos más sorprendentes hasta llegar a las fronteras de lo prohibido, como el intento de "fabricar" hombres idénticos.

De modo que no nos asustemos de lo que se ve y se toca y se disfruta. De momento le propongo una inocente distracción: cuente cuántos botones tiene que oprimir diariamente para poder vivir de una manera más o menos decente... y al final haga clic para descansar.