HISTÓRICO
PUNTERÍA ÉTICA ES LO QUE FALTA
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    PUNTERÍA ÉTICA ES LO QUE FALTA |
Por JUAN JOSÉ GARCÍA POSADA | Publicado el 03 de febrero de 2013

Tal vez tiene una mínima dosis de razón el informe de la llamada Asociación Internacional para la Evaluación del Rendimiento Educativo, que descalifica a Colombia por las presuntas deficiencias exhibidas en materia de comprensión de lectura.

Y es que en este país suele tergiversarse el sentido verdadero de los hechos al leerse la realidad con cálculo y malicia. Las víctimas se vuelven victimarias, lo injusto aparece justo, lo falso se acredita como verdadero, se alteran las jerarquías de las normas jurídicas y éticas y se impone una siniestra distorsión moral.

¿Qué es más grave, la imprudencia de un ciudadano indignado (el expresidente Uribe, en este caso) que publica en tuiter las fotos de dos policías asesinados, o el hecho condenable del asesinato? Tal parece como si el delito objetivo pasara a un segundo plano y lo que debería censurarse fuera la difusión de las imágenes, si se observa la enconada reacción de protesta de funcionarios y particulares.

No es que nuestra gente sea analfabeta y no comprenda lo que lee, como dice el disparatado informe divulgado en Francia por Liberation. Es que sólo quiere comprender a su modo, como si las cosas no fueran como son sino como cada cual quisiera que fueran y de acuerdo con intereses particularísimos.

Se ha perdido la sindéresis, esa cualidad esencial del individuo inteligente que permite elegir entre el bien y el mal, lo verdadero y lo falso, lo justo y lo injusto, lo bello y lo feo, lo conveniente y lo inconveniente. La verdad relativa se toma por absoluta y viceversa.

Y las responsabilidades se diluyen, se esfuman, de modo que nadie es culpable de nada, porque la acción delictuosa, la transgresión ética o la infracción resultan mucho menos relevantes que la reacción distractora que provocan.

Ejemplos, los hay en abundancia: La retoma del Palacio de Justicia acabó siendo más condenable que la toma, las fallas protuberantes de Petro como administrador minimizan sus propósitos depurativos, fue más rechazado Álvaro Gómez por cuestionar el régimen corrupto que los responsables de la corrupción. Y ahora, el mal ciudadano resulta el exmandatario por sus exasperaciones, en tanto que los delincuentes quedarán cubiertos con el manto de la impunidad.

El problema no es de incompetencia para la comprensión de la realidad que se lee en múltiples formas, porque la lectura no sólo incluye el texto escrito sino todo lo que se perciba. La cuestión está en que falla el pulso y se borran los reales objetivos. El clásico modelo del arquero en tensión, que apunta al blanco y se esfuerza por dar en la diana, enseñaría cómo buscar el acierto a la hora de juzgar y decidir con desapasionamiento y con ánimo de recobrar la puntería ética.