HISTÓRICO
QUE NO FALTE EL AMOR
  • QUE NO FALTE EL AMOR |
    QUE NO FALTE EL AMOR |
Por ÓSCAR HERNÁNDEZ M. | Publicado el 26 de agosto de 2013

Me van a perdonar la simpleza pero no aguanto la gana de escribir la frase: que no nos falte el amor... y la salsa de tomate, porque en este país, y supongo que en los demás, esa salsa se ha vuelto la mitad de la vida en el comedor, o en la cama, como nos alimentamos algunos sujetos y la mayoría de los antiguos romanos. Sin amor no hay nada qué hacer. "Quien quiera que no tenga bajo el azul del cielo, una mujer que pueda compartir su anhelo, es peor que pobre, el último mendigo de la tierra...".

Con esa frase del viejo poeta podemos entender lo que pasaría en este mundo si no tuviéramos amor a la orden del día, o a la orden de la noche como lo prefieren algunos. Amor que baja del cielo y llega a estas tierras para posarse en los hombros de una mujer o en los brazos de los hombres. Amor que en ocasiones es tan serio como la misma muerte y en ocasiones puede llegar a convertirse en sonora carcajada.

Cocine con amor, recomiendan algunas damas a sus amigas, y yo no he podido saber cómo puede llegar el amor a la cazuela si no se usa aceite de oliva que indudablemente es una de las maneras de mostrar el afecto que se tiene por alguien. Que las damas sigan hablando del fantasma amoroso que hay en sus cocinas, está muy bien, pero si a ese duende invisible no le adjuntan la esencia de un buen extravirgen, el amor se les convierte en un almuerzo como tantos que nos sirven en esta vida.

PAUSA. Decía el viejo a su novia joven: te amo con todo mi marcapasos.

TIERRA. No entro en el drama, bien truculento por cierto, de los baldíos colombianos que no se saben si de veras son baldíos, si están en las manos que deben estar o si los negocios son de una limpieza celestial. Vaya uno a saber... hablo de esas tierras y de esas aguas que hay en tantas partes de la tierra y que son declaradas, en buena hora, patrimonio de la humanidad. Aquí tenemos algunos parques que se han designado como propiedad general, propiedad de la gente terrenal para que disfruten de su belleza.

Pero, en verdad, creo que falta sumar otros territorios, otras aguas, a esos privilegios que la naturaleza ofrece a los que podríamos llamar dueños si los avivatos lo permitieran. Por mi parte y aceptando de muy buen agrado los parques y grandes territorios colombianos sumados a esos monumentos de la madre naturaleza, me permito una frase final para colofón de una nota escrita con todo el amor de que soy capaz: declaro al planeta Tierra patrimonio de la humanidad.