HISTÓRICO
¿Recuerda a Ronald Ayazo?
  • Colprensa | Su recorrido de 40 años por la TV colombiana abarca los papeles protagónicos de las novelas El caballero de Rauzán, El cazador nocturno, El hombre de negro, Hato Canaguay, El Faraón, La pezuña del diablo, entre otras.
    Colprensa | Su recorrido de 40 años por la TV colombiana abarca los papeles protagónicos de las novelas El caballero de Rauzán, El cazador nocturno, El hombre de negro, Hato Canaguay, El Faraón, La pezuña del diablo, entre otras.
Colprensa | Publicado el 17 de enero de 2012

Ronald Ayazo no toma, no fuma, ni trasnocha, pero a este monteriano, nacido el 7 de diciembre de 1944, lo embriaga el arte. Es amante de la música clásica. Y además de ser un consagrado actor de la televisión nacional, es compositor de música popular.

Su recorrido de 40 años por las pantallas de los televisores colombianos abarca los papeles protagónicos de las novelas El caballero de Rauzán, El cazador nocturno, El hombre de negro, Los premios, Hato Canaguay, El Faraón, La pezuña del diablo y La saga, entre otras.

Aunque la actuación ha sido su faceta más conocida, para él este arte ocupa el cuarto lugar en su lista de aficiones. Primero está la docencia, de la que dice es su verdadera vocación y a la que se dedica desde 1983, cuando se alejó de las pantallas por 13 años y fundó en Bogotá la academia de artes escénicas que lleva su nombre. En segundo lugar, está la música y en el tercero la literatura.

El último proyecto actoral del que Ronald Ayazo hizo parte se llamó Secretos de familia, una telenovela producida por Caracol Televisión en 2010, que salió del aire por falta de rating, porque como comenta el actor, "no era una serie popular, sino un bufete de abogados de alto turmequé, una producción impecable, no como El man es Germán".

Como literato, Ronald Ayazo ha escrito la obra de teatro Los monos desnudos, en la que, en forma de comedia, plantea la problemática del sexo en pareja.

Actualmente, Ayazo está haciendo lobbie entre los gobernantes del departamento para poner en marcha una casa para adultos mayores, con la que busca "reivindicar inteligentemente a estas cátedras humanas, que pueden aumentar la riqueza de conocimiento de las nuevas generaciones y no desecharlas, desplazarlas inhumanamente, ni recluirlas en lugares que son su preámbulo a la tumba".

El actor estuvo de visita en El Meridiano de Córdoba, donde conversó sobre su carrera y la televisión actual.

¿Cómo empezó su carrera en los medios?
A los 10 años yo imitaba, con una tuza en la mano, al narrador deportivo Carlos Arturo Rueda en las transmisiones de ciclismo. A los 15, fui animador de una caseta en el barrio La Granja y ahí estaba Antonio Sánchez Charry, director de Emisora Sinú, que me dijo: "Yo quiero que usted vaya a la emisora, quiero hacerle una audición porque estoy necesitando un locutor comercial para el noticiero". Después me fui a aventurar con Germán Caballero porque conocimos al coordinador de lo que en esa época era el circuito ABC (Atlántico, Bolívar y Córdoba) y llegué a Emisora Ríomar de Barranquilla, donde transmitían la radionovela Crimen y Castigo.

Desde Bogotá nos mandaban las cintas con el libreto para que nosotros metiéramos los comerciales. Leyendo el libreto y escuchando a los actores yo decía: yo lo puedo hacer mejor que este y me metí al elenco. Ahí me sonó la flauta, cuando descubrí que podía tener posibilidad me fui para Medellín y entré como radio actor a Radio Visión de Caracol, que grababa radionovelas para todo el país. Empecé siendo protagonista de El justo.

Ahora usted anda perdido de las pantallas…
En este momento las tendencias de sintonía en Colombia de los dramatizados están signadas más en las clases populares. Ronald Ayazo, hasta ahora, no por mi decisión, sino por decisión de los programadores y directores, ha tenido una línea de conducta como actor que obedece a personajes con mayor estructura y fondo, eso me gusta, porque cada propuesta es un reto en la carrera de superación. Ronald no se quiere repetir, pero a fuerza de costumbre se ha vuelto selectivo. No es que me lluevan las propuestas, o que las rechace, son pocas, pero algunas no llenan mis expectativas y quiero seguir lo que hasta ahora he tenido, la inteligencia de mantener a un actor que comenzó en 1972 y que sigue vigente. No me importa la cantidad, sino que la gente siempre que vea a Ronald aprecie un trabajo que valga la pena.

¿Cómo ve las producciones populares?
Desde el punto de vista empresarial entiendo a las programadoras, porque ellas no son gestoras de arte, sino empresas que facturan de acuerdo al rating y ellos ponen en escena lo que más dinero les dé. Así las veo, respeto su criterio y critico su falta de compromiso cultural con la sociedad colombiana.

A usted lo catalogan como uno de los grandes actores del país…
Lo que pasa es que la gente es amable y si uno se conecta desde el corazón, la gente le tributa ese honor. El día que yo me crea un gran actor, hasta ahí llegué. Todos los días procuro mejorar para poder ser digno de haber prevalecido durante tantos años en la gracia del público.

¿Qué opina de los actores de esta época?
Hablemos de lo que era la época actoral anterior, donde prevalecía el talento, no la estética, que fue mi época. Llegué a ser galán sin reunir los requisitos de un galán actual. Que ahora haya mucha silicona al aire, mucha estética y poco contenido, no es malo. Colombia estaba en mora de presentar a la gente linda en pantalla, porque somos una raza hermosa. Que eso se dividió entre feos talentosos y bonitos no talentosos, hace parte del proceso evolutivo de los medios. Como docente, pienso que lo correcto es que belleza y talento converjan para crear el artista cercano a lo ideal en el mundo del dramatizado y tenemos con qué.

¿Cuál ha sido el mejor papel de su vida?
Ninguno, porque uno como actor debe ser universal, no apasionarse para poder tener toda la disposición emocional, psicológica y orgánica para los nuevos retos. Hay personajes menos difíciles o más difíciles. Uno de los más difíciles ha sido el personaje de La dama de Troya (Gabino Enciso), porque era un personaje ambivalente, ni bueno ni malo. Como actor tenía el reto de ser bueno–bueno y malo –malo sin confundir al público y lograr que al final tuvieran un juicio hacia uno de los dos y ganó el bueno, siendo un asesino. Esos son conflictos que se presentan, porque me puedo recargar hacia el malo y descuido el bueno o a la inversa, pero estaría faltando a mi reto como actor.

¿Qué papel no haría nunca?
Para un actor no hay personaje vedado, un actor tiene la obligación profesional de asumir lo que representa su trabajo. El reto está en la investigación del personaje que le ofrezcan, siempre y cuando ese personaje dé lo que uno estima como dignidad profesional.

¿Cuál es aquel que siempre ha querido hacer?
No he podido ser el homosexual que, como actor, quisiera ser en una telenovela, porque no estoy de acuerdo con el esquema traqueteado y viciado del homosexual "bota plumas" de siempre. Yo quiero hacer un homosexual bonito, inteligente, que exija un trabajo interior y no tanta "plumestría".

¿Por qué su intención de representar a un homosexual?
No soy un homosexual que quiero salir del closet, ¡no! Para un actor es un reto hacer aquello que se ha hecho poco, o no se ha hecho, y para uno los retos son los que lo evolucionan. Fíjate en esta contradicción, el personaje de éxito, por el cual lucha un actor toda la vida, se convierte en su peor enemigo, porque tan pronto ese personaje sale a la luz y el público lo acoge, o eres inteligente para salir de ahí en adelante, o esa es tu tumba, como le pasó a la que hizo de Betty, la fea.