HISTÓRICO
Revaluación y competitividad
EL COLOMBIANO | Publicado el 18 de enero de 2013
La reciente agudización de la apreciación del peso colombiano ha llevado a varios sectores a expresar, de nuevo, su preocupación respecto a los efectos negativos que este fenómeno ocasiona sobre la actividad productiva.

Los sectores transables de exportación son los que más directamente se ven perjudicados por la baja en la tasa de cambio. El problema que se genera no sólo tiene que ver con el desempeño de las empresas y los negocios sino que, en no pocos casos, el empleo se resiente y con ello el bienestar de los hogares vinculados a estas actividades.

El fenómeno de la revaluación en Colombia no es nuevo y tampoco representa un evento inesperado. De unos años para acá, y en razón a un conjunto de factores externos e internos, la tasa de cambio ha venido apreciándose progresivamente. Otras economías emergentes exitosas de Latinoamérica también se han visto afectadas por este fenómeno.

Por tal motivo, mucho se ha enfatizado en la necesidad de que los sectores exportadores, especialmente aquellos que no hacen parte del grupo de bienes básicos favorecidos por el "boom" de precios internacionales, utilicen intensamente los diferentes mecanismos de cobertura de riesgos cambiarios que existen.

No debe olvidarse que, como ocurre con otros fenómenos económicos, la revaluación no sólo genera costos sino que también produce beneficios. Así, por ejemplo, favorece, a través de menores precios de importación, a los consumidores. Igualmente, diversos sectores que utilizan materias primas importadas se ven beneficiados por la rebaja en sus costos de producción. Finalmente, la revaluación ayuda a la modernización del aparato productivo, facilitando la incorporación de nuevas tecnologías.

Desde meses atrás, el Banco de la República ha aplicado una política de compras mensuales de divisas que, a juicio de la entidad, ha ayudado a suavizar la tendencia revaluacionista. El Gobierno, a su vez, realizó, en 2012, importantes compras de dólares que facilitaron mantener un nivel de tasa de cambio más llevadero.

De otra parte, las directivas del Banco han señalado que intervenciones masivas en el mercado cambiario, como lo piden algunos gremios, no son posibles en Colombia dado que, contrario a lo que ocurre en Perú, todavía subsiste un déficit en las cuentas fiscales. Si se tuviera un superávit, dichas intervenciones serían más viables.

Al igual que en anteriores ocasiones, en estos días, y con el propósito de combatir la revaluación, se ha hablado de la posibilidad de aplicar controles y limitar la entrada de cierto tipo de capitales. También se dice que hay suficiente munición para actuar y que no se descarta ningún instrumento de intervención.

Aunque estos anuncios generan expectativas temporales que ayudan a tonificar el mercado, la realidad es que, sin una acción decidida, coordinada y sostenida, las cosas no van a cambiar sustancialmente.

Por tanto, para superar la situación y conseguir que el aparato productivo se acomode a un entorno de tasa de cambio menos favorable, al tiempo que alcance mayores niveles de competitividad, que es lo que, en esencia, está en juego, el Gobierno, el Emisor y los sectores productivos y empresariales del país deberían trabajar mancomunadamente.

Para ello es necesario establecer las acciones que cada actor deberá emprender, pues está claro que no basta que la tasa de cambio mejore, se necesita, sobre todo, fortalecer la capacidad competitiva de los distintos sectores y, en este aspecto, tanto los gremios como las empresas tienen responsabilidades que asumir, pues no todo lo puede proveer la política pública.