HISTÓRICO
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Por JOSÉ MANUEL OTAOLAURRUCHI, L.C. | Publicado el 23 de febrero de 2013

La lucha entre la cultura occidental cristiana y el intento de establecer una nueva cultura atea o agnóstica se torna cada vez más violenta.

La guerra la vemos declarada en Europa, por ejemplo, con el intento de establecer una Constitución exenta de la presencia de Dios, abjurando de su identidad cristiana o en sus ridículas campañas por retirar los crucifijos de los lugares públicos. La batalla está bien planteada y así como en el Risk se unen enemigos tal vez irreconciliables para acabar un adversario común, así está sucediendo con la cultura cristiana.

¿Quién es el adversario común? Dios, cuya presencia visible se halla en la moral y en los principios cristianos. La Iglesia defiende la cultura de la vida, el matrimonio entendido como la unión de un hombre con una mujer, la familia como vínculo indisoluble y célula fundamental de la sociedad, la política internacional como "familia de naciones" en donde se busca el desarrollo de los pueblos, no a través del extermino de los pobres, sino del compromiso solidario con los más necesitados. Bastaría una ínfima parte del prepuesto anual que las potencias mundiales destinan para la guerra y de un plumazo se erradicaría el hambre en todo el mundo. ¿Quiénes son los aliados? Son los organismos que a través de las leyes pretenden transformar los hábitos y costumbres de los pueblos.

La maldad está en implantar un sistema legislativo desarraigado de la ley natural para dar paso a un sistema de leyes que pueden ser perniciosas para el mismo hombre como el aborto, la eutanasia, la guerra preventiva, el ecologismo radical. ¿Cuál es su oferta? Una sociedad agnóstica libre de cualquier modelo que subyugue o coarte la libertad. Proclaman el relativismo como el camino que asegura el pleno desarrollo personal y social porque no habrá nada que imponga una escala de valores.

Me parece estar contemplando una nueva torre de Babel que terminará con dividir más a los pueblos. En sus intentonas se olvidan de un pequeño detalle y es la intervención de Dios en la historia. Dios no es un ente de razón, es un agente que actúa en el corazón de los hombres y hoy como ayer sigue eligiendo y llamando. El evangelio nos presenta la elección de Pedro: Jesús vio dos barcas que estaban junto a la orilla. Subió a la de Simón y le pidió que se alejara un poco de tierra. Después de la pesca milagrosa, estando Pedro a los pies del Maestro, recibe el llamado: "No temas, desde ahora serás pescador de hombres" (Lc. 5,10).

¿Quién podrá impedir a Dios que siga eligiendo y llamando en el interior de cada hombre a servirle por el camino del bien, de la justicia y de la verdad?.