HISTÓRICO
Rut y firma digital congestionan la Dian
  • Rut y firma digital congestionan la Dian | En las afueras de la oficina de la Dian en La Alpujarra, a mitad de la mañana de ayer la fila superaba las 350 personas. En la entidad solo atienden 18 funcionarios. FOTO JUAN FERNANDO ROJAS
    Rut y firma digital congestionan la Dian | En las afueras de la oficina de la Dian en La Alpujarra, a mitad de la mañana de ayer la fila superaba las 350 personas. En la entidad solo atienden 18 funcionarios. FOTO JUAN FERNANDO ROJAS
POR JUAN FERNANDO ROJAS T. | Publicado el 05 de marzo de 2012

"Mire a este pobre señor, se envejeció ahí sentado y nada que lo atienden", decían varios vecinos en tono de burla e ironía al ver que Guillermo Cano Zapata , a sus 77 años, ya ajustaba siete horas de hacer fila en las afueras de la sede de la Dian, en el sector de Monterrey.

"Pues de aquí no me muevo hasta que me den ese papel. He chupado mucho sol, agua y hambre, porque si se sale uno de la fila y se descuida, pierde el puesto", les respondía el viejo transportador con resignación mientras miraba una fila estática de 150 personas.

Él es uno de los centenares de antioqueños que por estos días madrugan armados de paciencia para tramitar el Registro Único Tributario (RUT), como en su caso, o actualizarlo y poder registrar la firma digital. Es un requisito para que 223.000 contribuyentes del país puedan realizar de ahora en adelante sus gestiones tributarias en línea, como se los propone la Dian.

Estos son los trámites más demandados en los tres puntos de atención que tiene la Dian en La Alpujarra, cerca al Club Campestre (El Poblado) y en Monterrey, oficinas que a principio de año siempre se convierten en los campeones de las filas, superando a las del Seguro Social, como coinciden en señalar varios mensajeros y tramitadores.

Alpujarra: la fila más larga
Los que llegan a las dos de la mañana a las oficinas de la Dian en La Alpujarra, muchos de ellos mensajeros y tramitadores, tienen la suerte de poder tener listo su trámite antes de las nueve.

Son siete horas de larga y fría espera en las que E nrique Restrepo Naranjo vende todo el tinto que lleva en su termo a los madrugadores mientras la fila crece y crece. Solo ayer a las 9:20 de la mañana se contaban 350 personas que se suman a las 250 que aguardaban su turno sentadas adentro. En solo esta oficina están atendiendo a diario entre 1.300 y 1.400 personas con 18 módulos simultáneos.

"Me ha tocado ver a gente que se pega el madrugón desde su pueblo para sacar el RUT y se van llorando porque no trajeron el original de la cuenta de servicios de este año, requisito que antes no pedían. Falta más información", comenta Restrepo mientras atiende a los últimos clientes del día. Y la fila crece...

Entre las últimas está Gladys Patricia Betancur , quien salió a las 5:00 de la mañana de su casa en la vereda San Juan, de San Pedro de los Milagros. Su misión del día: digitalizar la firma para declarar la retención en la fuente del acueducto veredal que maneja.

Con la experiencia de haber sacado el RUT en junio pasado, ya sabía que el reto no era fácil. Por eso se trajo desayuno y almuerzo porque aunque empezó a hacer la fila a las siete de la mañana, sabe que no sale antes de las dos de la tarde.

"Uno no entiende que si ellos saben que se arman estas filas no ponen más gente a atender. Eso de la firma digital debería hacerlo uno por internet", comenta con indignación.

Para evitar el dolor de cabeza de la larga espera, otros contribuyentes optan por comprar el turno que, según la cercanía a la entrada y la hora, puede variar entre los 30 mil y 50 mil pesos. Otros, al ver las largas filas, prefieren pagar a alguno de los tramitadores entre 30 mil y 40 mil pesos.

Ellos también están inconformes. "Ahora la Dian no le deja a uno ser apoderado de los trámites de una sola empresa al día y solo se puede hacer la diligencia con el poder autenticado en la oficina de El Campestre (en La Aguacatala), allá las filas son peores que aquí", cuenta Juan Fernando Velásquez.

La acera, la mejor silla
En esa sede más pequeña de la Dian, los cuatro funcionarios que atendían ayer no eran suficientes frente a la fila de 110 metros que se había formado desde la madrugada.

Allí la gente mata el tiempo haciendo sudokus, leyendo libros, escuchando música en el iPod, llenando el crucigrama, quejándose con el del lado, renegando de una sonada Ley Antitrámites que aún no los beneficia. Con la suerte echada, el clamor es que pongan sillas afuera y al menos una carpa para escapar del sol y la lluvia.

Elena Arenas , representante legal de una fundación artística de Caldas, al sur de Medellín, es la primera vez que le toca este "vía crucis", como lo llama: "nunca pensé que esto fuera tan horrible, y eso que el Gobierno dice que es enemigo de la tramitología, pues debería darle mejor trámite a las filas".

Cuando eran las 11:30 de la mañana, Elena no había alcanzó a entrar en la jornada de la mañana y a solo ocho turnos de la puerta, debió esperar hasta la 1:00 de la tarde.

Pero don Guillermo Cano , en la sede de Monterrey, entró en la última tanda. Sonríe y se aleja con satisfacción, como si haber esperado siete horas y media por un obtener ese papel fuera su gran victoria.