HISTÓRICO
Saber terminar las cosas
Jorge Giraldo Ramírez | Publicado el 04 de octubre de 2009
Casi todas las advertencias y consejos de la sabiduría popular que conozco hablan de saber empezar. La importancia del primer paso, vencer el temor a actuar, manchar la página en blanco, madrugar para que nos vaya bien, el que pega primero pega dos veces. Todas son recomendaciones para los abúlicos o indecisos. Para mí, al contrario, la mayor sabiduría está en saber terminar las cosas.

Música aparte, la mayor impresión que me causó la película " El último vals ", de Martin Scorsese, fue la enseñanza de retirarse. La película documenta el concierto de despedida del grupo de respaldo de Bob Dylan llamado "The Band".

Su líder explica por qué querían desintegrarse en la cima de la carrera y cambiar de rumbo después del éxito y del cansancio. Hay algunos ejemplos de esto en el arte: Rossini, que deja la música y pasa a la gastronomía; Juan Rulfo, que deja de escribir.

La mayoría de los ejemplos son negativos. El que más me gusta viene de un cuento de Balzac titulado " La obra maestra desconocida ". El escritor francés cuenta la historia de un pintor que nunca deja de ponerle pinceles y colores a su cuadro preferido hasta que, al final, lo que resulta es un mamarracho indescifrable y nada atractivo. Las historias reales del que no sabe terminar las cosas son muchísimas.

En la política pasa lo mismo que en el arte y en la vida cotidiana, pero con mayor frecuencia porque el poder envicia. Grandes políticos como Franklin Roosevelt se atornillaron hasta la muerte y dejaron un sinsabor en la historia. Felipe González y Francois Miterrand ensombrecieron su legado por quedarse un poquito más de la cuenta. Ahora que se conmemoran los 60 años de la proclamación de la República Popular China vale la pena rescatar la figura de Deng Xiaoping, que se mantuvo al margen de la burocracia estatal, a pesar de ser el hombre más poderoso del país entre 1978 y 1997.

El reto que hoy afronta el presidente Álvaro Uribe como estadista y como persona es ese. Saber terminar las cosas. Los colombianos lo eligieron para traer la paz y la trajo: hay que ser un fanático para negar esto. Además produjo un efecto de unidad nacional necesario después de la agria crisis que dividió al país en los noventa, y volvió a rodear al Ejecutivo de apoyo y legitimidad después de tener los dos presidentes más impopulares de la historia.

Ahora el Presidente corre el riesgo de tirarse en la batica de cuadros. Su persistencia en el proyecto reeleccionista lo puede conducir a la única y mayor derrota política de su vida, bien sea porque la Corte Constitucional lo pare o porque después lo haga el electorado, en el referendo o en las elecciones. Si esto no pasa y Uribe persiste, y gana y vuelve a ganar, pone en riesgo una parte de su obra, gran parte de su prestigio y todo su futuro.