HISTÓRICO
Salario mínimo concertado
EL COLOMBIANO | Publicado el 18 de diciembre de 2011
La Comisión de Concertación del salario mínimo llegó a un acuerdo respecto al valor que deberá regir para el próximo año. Con ello se evitó que el Gobierno Nacional se viera obligado a fijarlo por decreto. El salario mínimo para 2012 será de 566.700 pesos que, con el aumento en el subsidio al transporte, representa, con respecto al actualmente vigente, un incremento de 5,9 por ciento.

Con este aumento se benefician, directamente, un poco más de un millón de trabajadores colombianos que devengan un salario mínimo.

El aumento del mínimo se estima estará dos puntos por encima de la inflación causada en este año y reconoce un aumento de uno por ciento en la productividad. Este incremento en la productividad constituye un indicador más de las importantes transformaciones que se vienen dando en el país, pues en años anteriores no se habían alcanzado registros de estas magnitudes.

El buen momento que vive la economía colombiana favoreció la concertación. El destacado desempeño de muchas empresas, las mayores utilidades que se han reportado, las favorables expectativas que perciben los empresarios para el próximo año y la generación creciente de empleo, que ha llevado a la reducción a un dígito en el nivel de desempleo, dieron lugar a un entorno de negociación poco propenso a las posiciones extremas.

Esto, aunque devuelve la confianza en el mecanismo de concertación, no implica que, como lo quieren hacer ver algunos actores, dicho mecanismo y las condiciones institucionales que se tienen respecto a la fijación del salario mínimo sean las óptimas. El hecho de que cerca de diez millones de trabajadores ganen menos del mínimo indica, claramente, que dicho salario no constituye un piso y que el principal problema laboral del país está en los altos grados de informalidad que, entre otras cosas, le quitan efectividad a la fijación del salario mínimo.

Diversos estudios han reportado que los aumentos en el mínimo no afectan los ingresos de las personas en los primeros deciles de la distribución del ingreso, pero que sí influyen positiva y significativamente sobre los ingresos medios y altos. Esto determina que, contrario a lo que generalmente se piensa, el salario mínimo sea regresivo, pues, para los más pobres, aumentos en el mismo disminuyen la probabilidad de ser empleados.

Esto hace que se deban realizar ajustes en los mecanismos y la definición del salario mínimo de tal forma que, al asegurarse que este se pague efectivamente, se convierta en un verdadero piso de la remuneración salarial y opere como un efectivo instrumento de protección social para los grupos más necesitados.

Frente al acuerdo logrado, el empresariado debe esforzarse por mantener la tendencia a la generación creciente de empleo formal, aunque ello pueda representar sacrificios en las utilidades. La creación de empleo es el camino más seguro para alcanzar reducciones en los niveles de pobreza e inequidad. Además, el verdadero sentido de la responsabilidad social empresarial comienza por casa, brindándoles a sus trabajadores y empleados condiciones óptimas de empleo.

Igualmente, los trabajadores, representados por los sindicatos, deben urgir al Gobierno para que se creen las condiciones que aseguren la contratación creciente de mano de obra, se reduzca la informalidad, causa principal de la marginalidad laboral, y se tengan mercados de trabajo más dinámicos y flexibles.

El Gobierno Nacional tiene una larga agenda laboral por delante. La concreción de la misma constituye la verdadera justificación para haber revivido el Ministerio de Trabajo.