HISTÓRICO
SE ASFIXIÓ
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Por CRISTINA DE TORO | Publicado el 02 de febrero de 2013

"Llevamos cinco meses y no se ha comenzado siquiera a profundizar en el primer punto (el agrario). La sensación de que esto es algo distinto, se podría evaporar, se podría pasar de la indiferencia a la hostilidad, y si no hay progreso eso podría asfixiar el proceso". "…el futuro del proceso de paz está atado directamente a la reelección presidencial".

¡Quién lo creyera… Justamente por boca del hermano del presidente, el destacado periodista Enrique Santos Calderón, integrante además de la comisión gubernamental que llevó a cabo los clandestinos Diálogos Exploratorios en La Habana (Cuba), se pudo confirmar lo que era un secreto a voces: que el proceso va mal y que esa era la carta con la que el presidente Juan Manuel Santos apostaría por su reelección y, por ende, por su tan anhelado Nobel de la Paz.

Que el dichoso proceso no vaya para ninguna parte, no es pues primicia. Desde el día mismo de la instalación formal de la mesa de diálogos en Oslo, pudimos apreciar que cada equipo hablaba un idioma diferente, que sus objetivos distaban mucho unos de otros y que lo acordado en la fase exploratoria, parecía ser de libre interpretación. Mejor dicho, como ordinariamente se dice, desde el desayuno supimos cómo iba a ser el almuerzo: un refrito de Caguán a la cubana.

Y eso es precisamente lo que hemos visto hasta ahora, los mismos narcoterroristas mentirosos y cínicos de siempre, que urgidos como estaban de renovar su imagen, han aprovechado cada minuto, cada segundo, de esa extraordinaria exposición mediática que tontamente les han brindado, para presentarse ante el mundo como los Robin Hood, los sufridos voceros de un pueblo brutalmente oprimido.

Por el lado del Gobierno tampoco ha habido sorpresas, el mismo débil y dubitativo mandatario que, como sabe que consiguió el milagro de la presidencia con indulgencias ajenas (una "picardía"), está dispuesto a hacer cualquier maroma con tal de superar a su antecesor para hacerse a un buen lugar en la historia, y para ello, no ha hecho más que pasearse por el extranjero en busca de los avales que no ha podido conseguir en su propio país en el que, por el contrario, cada día tiene más detractores.

Todo lo que ha sucedido entonces, a lo largo de estos cinco costosísimos meses: conversaciones, turismo de lado y lado, dilatación de tiempos (las Farc son expertas), generosa tregua unilateral de sesenta días en la que se registraron solo 57 acciones armadas contra la población civil y la Fuerza Pública, exhibición del más depurado cinismo, etc., se ajustan perfectamente al libreto que de tiempo atrás conocemos, incluida una que otra bravuconada, como la que le tocó hacer por estos días al señor Humberto de la Calle, porque esas tiradas de orejas ayudan a hacer creíble que la cosa sí va en serio.

Aquí lo que no sabemos y que naturalmente preocupa, es cuánto más les van conceder y cuánto tiempo más se va a tomar el presidente Santos, antes de aceptar que este proceso, tal como fue concebido, no es viable.

Los narcoterroristas de las Farc no están interesados en desmovilizarse, ni en entregar las armas y por eso han aprovechado este espacio para rearmarse, para reorganizarse y engrosar su pie d e fuerza reclutando miles y miles de menores campesinos; su único interés sigue siendo el mismo de siempre que, además, quedó consignado en el comunicado que abrió para los narcoguerrilleros este proceso de paz 2012: la búsqueda de un Tratado de Regularización de la Guerra.

Señor Presidente, por usted y por el bien de Colombia, es mejor que se dé la pela, porque como bien predijo su hermano, la sensación de que esto era distinto ya se evaporó, este proceso se asfixió.