HISTÓRICO
SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA
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    SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA |
Por PADRE MARIO FRANCO, S.J. | Publicado el 13 de abril de 2013

El evangelio de hoy ha servido para confirmar la primacía pastoral de Pedro, en el cuidado o custodia de sus hermanos. Algunos discuten el primado de Pedro como pontífice, como vicario de Cristo; o del p apado en la Iglesia. Quiero centrar mi interés en la lectura del acontecer del resucitado en estos tiempos de la vida de la Iglesia con el nombramiento del Obispo de Roma, el Papa Francisco.

En la primera lectura nos dice el texto de los Hechos de los apóstoles que Pedro y los demás respondieron: "Hay que obedecer a Dios, antes que a los hombres". Máxime cuando lo que está en juego es la acción o testimonio del resucitado en la vida de la comunidad. Veo que tiene notable aplicación hoy a tantos comentarios previos a la elección reciente del Papa.

El Evangelio: aparición del resucitado en la vida ordinaria del grupo dedicado a la pesca, nos presenta la transparencia de Dios en la aparición de su hijo resucitado; donde presenta a Pedro al centro de los acontecimientos, representando a todo el grupo. Jesús le había advertido, que purificado en su fe debería confirmar a sus hermanos.

El resucitado, tomándolo aparte, le pregunta 3 veces (Padre, Hijo, Espíritu Santo), sobre su disposición para hacer la voluntad de Dios y animar a su rebaño. Custodiar a su pueblo. Confirma la fe, la misión y la vida de Pedro con el símbolo y la realidad de la salvación: La cruz. "Cuando eras joven hacías lo que querías, pero ya viejo tendrás que alzar los brazos te ceñirán, y otro te llevará a donde no quieras ir.

El Resucitado actúa en Pedro consagrándolo con la experiencia de la Cruz (morir para vivir y dar vida) y confiarle, por la obediencia al crucificado, la obra de salvación de la comunidad: apacienta mis ovejas.

La invitación en este domingo de resurrección, es la que hoy, con el evangelio de su vida, nos viene haciendo el Papa Francisco, al asumir con actitudes nuevas, el ministerio pastoral del obispo de Roma, de la Iglesia por el pontificado. Esto nos viene diciendo con señales de pobreza (franciscana) y obediencia y fidelidad (Jesuita), llevando la comunidad (Iglesia) por caminos de renovación (purificación). Caminar al cuidado y custodia de su pueblo.

Pidamos a Dios por Francisco, para que sigan lejos de él y del Vaticano, todas las relaciones montadas en el poder, la arrogancia, la fama y la riqueza, que sabemos llevan a la muerte y al pecado. Pidamos por las que parecen ser sus propuestas: caminar juntos en pobreza y sencillez; fieles y obedientes la voluntad de Dios, con amor y especial por los pobres, vuelvan a presentarse como alternativas para el hombre, para el mundo.