HISTÓRICO
SEÑOR FISCAL, EL CRIMEN SÍ PAGA
Por ALEJANDRO ARIAS | Publicado el 15 de junio de 2013
Al leer la publicación de Clemencia Correa sobre "La impunidad y sus efectos en la sociedad", sentí haber encontrado una explicación de la escalada continuada del ejercicio del crimen en nuestra ciudad y del porqué entre los más sonados escándalos del país regularmente no falta un samario entre ellos.

Explica Correa que es importante entender la impunidad como algo que va más allá de la ausencia de castigo; por un lado constituye una violación de la obligación general que tienen los Estados de investigar, juzgar y condenar a los culpables de graves y sistemáticas violaciones de los derechos humanos fundamentales.

Por otro lado, como lo dice Portillo, la impunidad es también "toda situación objetiva de tolerar y dejar intactas las estructuras y actitudes que han hecho posibles tales crímenes y eludir una responsabilidad elemental frente al futuro, la de salvaguardar los valores básicos de la convivencia".

Agrega que los efectos más visibles de la impunidad se manifiestan en el ámbito jurídico y político, en particular con la negación del Estado de derecho: "Si el Estado es quien aplica las políticas de represión y ejerce la impunidad, está negando, abiertamente, su razón de ser como la instancia encargada de garantizar los derechos humanos, de ejercer justicia. Si es el Estado el responsable de procurar y administrar la justicia, y es, al mismo tiempo, el que crea los mecanismos de impunidad, ¿en quién se puede creer?".

Y es precisamente esa incredulidad la que ha impulsado la más alta escalada criminal entre nuestros jóvenes en las grandes ciudades.