HISTÓRICO
¿Será 2013 el año de la paz?
  • ¿Será 2013 el año de la paz? | ILUSTRACIÓN CAMILA MONTEJO
    ¿Será 2013 el año de la paz? | ILUSTRACIÓN CAMILA MONTEJO
EL COLOMBIANO | Publicado el 01 de enero de 2013

De entrada, con cabeza fría y sin "sobreoptimismos", hay que decir que los tiempos ya parece que no coincidirán con lo proyectado inicialmente: que el proceso se contaría en meses como lo planteó el Gobierno en Oslo, el 18 de octubre de 2012.

Meses que deberían ir, según palabras del presidente Juan Manuel Santos, hasta noviembre próximo, "o incluso antes". Difíciles de cumplir se vislumbran esos plazos.

El viernes pasado el jefe negociador Humberto de la Calle dijo que el tema agrario concluiría en Semana Santa próxima. Pero aun más inquietante es que haya aceptado que el proceso mismo no tiene tiempos ni plazos fijos.

Es que contra los quereres, era además previsible: desactivar un conflicto armado interno, de más de 50 años, en ocho o diez meses, se antoja inverosímil, sobre todo frente a un interlocutor en la mesa, las Farc, tan veleidoso y soberbio que sentencia no estar para firmar una "paz exprés".

Una guerrilla que hasta ahora solo asumió el compromiso de una tregua unilateral de dos meses, pero más que como un gesto profundo de acercamiento a los colombianos, como una alternativa para resguardarse de los continuos golpes que le propinan las Fuerzas Armadas.

Ya están servidas en la mesa profundas contradicciones sobre el tema de la propiedad y explotación de la tierra y de los recursos naturales. Las Farc, en este punto, siguen asomando la cabeza cargadas de tigre: insisten en un cambio de modelo, exigencia descartada de plano por el Gobierno y su delegación.

Por eso este primer punto de la agenda será el gran medidor de las posibilidades de cumplir con un proceso de, máximo, un año de deliberaciones y acuerdos. Frente al ritmo de los diálogos y la imagen de las Farc está el sentido optimismo de los ciudadanos que sí quieren la paz, pero que descreen de la voluntad de reconciliación de los insurgentes.

En paralelo, esperamos los anuncios que harían el Gobierno y el Eln, a finales de enero o principios de febrero, para decirnos si es factible que se abra otra mesa de conversaciones que complete y les dé integralidad a los esfuerzos por alcanzar el fin de la guerra interna que nos cuesta tantas vidas y recursos.

Pero no hay que caer en expectativas exageradas. La guerrilla de alias Nicolás Rodríguez, "Gabino", también tiene en sus genes parte del mismo ADN de las Farc: ese de la testarudez que exige cambios al modelo de Estado y de Constitución, sin antes haber cumplido un proceso de acción política que no combine todas las formas de lucha.

Hasta ahora hay que abonarle al proceso con las Farc el bajo perfil mediático, sin esos chocantes protagonismos de la guerrilla que, con fusil al hombro, intimidaba a todo el país por las pantallas de TV, desde San Vicente del Caguán. Aunque molesto para la labor de la prensa, es muy beneficioso para el objetivo central: no buscar la paz inútilmente delante de los micrófonos.

Colombia sueña con que este 2013 signifique sustanciosos avances en la desactivación de su mayor detonante de daños sociales y humanos: el conflicto armado. Pero habrá que exigir que esa meta no se cumpla a cualquier precio. Esperamos que el Presidente y su equipo de conversaciones no olviden la promesa que le hicieron al país: conseguir una paz digna. Mientras ello no suceda, habrá que avanzar militarmente para que la guerrilla entienda que su única opción es dejar las armas n