HISTÓRICO
SICOLOGÍA INVERSA
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Por CARLOS LOPERA PÉREZ | Publicado el 26 de febrero de 2013

Desde niño vengo padeciendo, sin remedio, un trastorno en mi personalidad que me conduce a oponerme y llevarle la contraria a los demás.

Sin mayores herramientas para persuadir, no me quedaba de otra que recurrir a la sicología inversa para enredar a mis contradictores, y con ello, lograr convencerlos de que mis posiciones eran las correctas.

Llevar la contraria, sin duda, es la forma más eficiente de lograr que la contraparte dude de sus argumentos.

Para no ir muy lejos, debo reconocer que conquisté a la mujer que amo -mi único éxito importante- cuando, derrotado, la ignoré, es decir, cuando actué contrario a lo que ella esperaba.

Similar a lo anterior, recuerdo cuando el 80 por ciento de los colombianos y los principales medios del país, aprobaban la gestión del presidente Santos.

Estaban tan contentos que lo ponían en todas las carátulas de las revistas como el redentor del país, como candidato a dirigir la ONU, y como futuro premio Nobel de Paz.

En esa época, como loco, yo no dormía pensando cómo llevarle la contraria a la mayoría, y les gritaba que Santos era otro "falso positivo" de este país.

Ahora que la luna de miel se ha acabado, las últimas encuestas revelan que la mayoría desaprueba la gestión de Santos y manifiesta que no lo reelegirán.

Santos, quien hace meses era deliciosamente eficiente, diplomático y conciliador, ahora los colombianos lo perciben desorientado e incoherente.

Yo, en cambio, debido a mi trastorno de personalidad, estoy nuevamente llevándoles la contraria a los colombianos, y a Santos lo comienzo a ver como un incomprendido presidente al que debo ayudar.

Para llevarles la contraria a los colombianos, quienes no entienden la propaganda de los medios amigos del gobierno, he iniciado una campaña frontal de reivindicación de la histórica y apoteósica obra del presidente Santos.

Algunos de los éxitos de Santos son evidentes: cómo no reconocerle la importancia de fotografiarse con Falcao y Mariana Pajón. Cómo no aplaudirle que acompañe la boda de la hija del Procurador.

Cómo no gozar viéndolo manejar Jeep, mientras los cafeteros se quiebran. Cómo no estar felices, cuando le habla durito a la guerrilla, y ellos le hacen caso.

Cómo no aceptar que es un economista exótico que, vía disminución del patrimonio del Banco de la República, bota las utilidades de la minería. Quién no le reconoce al Presidente sus dotes de mago, cuando antes de aparecer enrumbado en las fiestas de los pueblos, anestesia todos los problemas de los habitantes con solo firmar un acuerdo para la prosperidad.

No sigo con los logros de mi Presidente, pues me saca la piedra el que los malagradecidos colombianos no perciban su prosperidad democrática.

En adelante, me dedicaré a pregonar que, a pesar de que no nos dimos cuenta, este presidente cambió nuestras vidas.