HISTÓRICO
SOBRE LA PACIENCIA
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    SOBRE LA PACIENCIA |
Por JOSÉ GUILLERMO ÁNGEL | Publicado el 21 de junio de 2013

Estación Espera (que podría ser un apellido italiano, Spera, pero no), en la que se pierde la paciencia y el lugar que ocupamos para imaginar lo que no es, usar las peores palabras y convocar con ellas lo terrible que nombran, que así funciona el lenguaje, como un imán.

En esta estación la gente mueve las manos y la nuca, mira los celulares y las tabletas y opta por el estado de agresión dejando salir de adentro (y de sus genes) épocas bárbaras y no la posibilidad de hacerse preguntas con sentido para resolver problemas en ese espacio y ese tiempo (que de alguna forma es libre), ordenar la situación y tomar una decisión debida.

Pero no, en la espera nos desesperamos (cosa que es negarse la espera como posibilidad de reconocimiento) y entramos en estado de confusión, dolor y desorden.

Y pocos se liberan de esto sabiendo esperar, que es como tejer punto por punto lo que hay para lograr la totalidad del tejido, su uso y utilidad.

En Tübingen (ciudad universitaria alemana) fui con mi amiga Sabine Segoviano a un restaurante a orillas del río Neckar. Era un sitio amplio de comidas típicas y cerveza de la casa, con opción de pedir otra, claro. Y allí, en medio del bullicio y los comensales, ella esperó una hora y media a que le sirvieran una ensalada, bajo un sol copia del trópico.

Vio cómo me atendieron a mí y cómo atendieron a otros clientes con la misma ensalada que había pedido. Era como si Sabine hubiera desaparecido de la escena y el mesero, un estudiante novato en esto de atender mesas, hubiera descartado el pedido.

Pero ella no desesperó y, al contrario, hizo un inventario de posibilidades que le explicaran lo que sucedía en ese lugar y en ese momento, buscando una razón.

Luego de que yo hube comido y encendido un cigarrillo, llegó la ensalada. Y Sabine comió sin hacer gestos ni preguntas que no eran.

Luego nos levantamos, pagamos y nos fuimos. No había sucedido nada que antes no hubiera pasado.

¿Una conformista, una tonta? No, un ejemplo de lo que es la paciencia, que es el reconocimiento y aprendizaje en torno a una situación.

Algo propio de una mujer que atiende enfermos, enseña español a mujeres mayores y que, como judía alemana, la dignifica, pues prefiere la serenidad al mal genio, la sensatez a la confusión y el aprender algo a sentirse un animal. Y que hace honor al término hebreo mazal, que quiere decir lugar adecuado, persona adecuada y momento adecuado. O al revés, porque suelen pasar cosas.

Acotación: la paciencia, que está legitimada por Job en la Biblia, es un acto de civilización. Sabine calculó lo que podría suceder en ese lugar, atendido por un mesero sin experiencia. Y se dio un tiempo para pararse e irse. Mientras tanto aprendió sobre el sitio, la gente que comía, el río, el calor. Y salió enriquecida. Y yo aprendí de su paciencia.