HISTÓRICO
TAL COMO ÉRAMOS
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Por RUDOLF HOMMES | Publicado el 24 de agosto de 2013

En 1974 en los medios universitarios todavía estaba viva la sensación de libertad que había inducido la revolución sexual en el mundo occidental y en pleno apogeo el laicismo y la rebeldía que habían provocado en el mundo la primavera de Praga, mayo de 1968, y la guerra en Vietnam. En América Latina estábamos marcados por la revolución cubana, la teología de la liberación, la caída de Allende y la brutal represión que desató en el sur del continente.

Todavía no había divorcio ni matrimonio civil, y por eso se iban las parejas a vivir juntos o los matrimonios eran relativamente abiertos. Pensar que el aborto iba a legalizarse o que se casarían personas del mismo género no eran ni siquiera fantasías. Pero se respetaban las parejas gay establecidas y algunas de ellas detentaban poder moral y lo ejercían. Admitirlos era la forma anticuada de ser civilizados. No nos imaginábamos que cuarenta años más tarde los avances que ellos y las mujeres conquistaron en materia de derechos darían lugar a la persecución por parte de fanáticos empoderados por políticos corruptos.

En Colombia, la expectativa que teníamos era de cambio y la orientación mayoritaria, que se inclinaba entonces hacia la izquierda, dio lugar al "mandato claro" que obtuvo López Michelsen para distanciarse de la derecha, y a que numerosos jóvenes educados se fueran para el monte o militaran en partidos de izquierda. Compañeros nuestros eran ideólogos cercanos al comité central del PC, apoyaron al M-19 o militaron en el Moir, algunos de ellos en forma vergonzante. Todos éramos lectores de Alternativa.

Las Farc todavía eran una guerrilla campesina. Si ya estaban en el negocio de la droga no era su política. Los secuestros comenzaban pero no se percibía su siniestro potencial. En el Partido Liberal tenían aliados. También los tenían los elenos que sobrevivieron gracias a ello. En esa época se creía que tolerando a la guerrilla, el país evolucionaría naturalmente hacia la paz. No se previó que la guerra todavía podía durar 40 años ni que traería consigo atrocidades inimaginables.

Los profesionales éramos pobres pero nuestros ingresos estaban en el quintil más alto. Los ricos andaban en taxi o en la calle y no eran ostentosos. El Procurador era un oscuro funcionario y el Contralor un politiquero. Los magistrados y los jueces eran rosqueros pero si eran clientelistas lo hacían sin el descaro o los excesos de ahora.

Desde entonces la sociedad ha progresado materialmente, en seguridad social y en algunos aspectos de la calidad de vida, y ha experimentado muchos cambios. El aborto es admitido, el divorcio existe, el matrimonio gay está al alcance, ha caído la pobreza y hay alguna probabilidad de que emprendamos el camino de la paz antes de las elecciones del próximo año. Pero hemos retrocedido en calidad moral e institucional, fuimos cómplices o por lo menos testigos impasibles de una barbarie, y convivimos con criminales y corruptos.