HISTÓRICO
Terror de tangueros y mochacabezas
  • Robinson Sáenz, enviado especial, UrabáAunque las revelaciones de alias HH, el jefe del bloque Bananero de las Auc, impactaron al país por la dimensión del genocidio, en Urabá dicen que las víctimas del grupo ilegal pueden ser más.
    Robinson Sáenz, enviado especial, Urabá
    Aunque las revelaciones de alias HH, el jefe del bloque Bananero de las Auc, impactaron al país por la dimensión del genocidio, en Urabá dicen que las víctimas del grupo ilegal pueden ser más.

  • El colombiano reconstruyó con víctimas una época que nadie en la región olvida.
  • Las revelaciones de alias HH ante la Fiscalía son apenas una parte de lo sufrido.
  • La incursión de las Auc en Urabá dejó miles de víctimas en

    todos sus municipios.
Por
Juan Carlos Monroy Giraldo
Apartadó

Cuando Amparo* buscó a los agentes de la Fiscalía para el levantamiento del cadáver de su esposo recién asesinado, no encontró a nadie. Todo el personal judicial estaba por fuera recogiendo cuerpos esa noche y en la morgue no cabía un cuerpo más.

Una hora antes, hacia las seis de la tarde de aquel 14 de septiembre de 1995, tres hombres arribaron a la casa de la familia en el barrio Obrero, de Apartadó, que además servía de tienda. Nerviosos, pidieron tres cervezas y fue entonces cuando uno de ellos desenfundó un arma y sin decir nada le disparó a sangre fría a Ramiro en el cuello.

De inmediato, otros sujetos armados y con gorras aparecieron y rodearon el cuerpo. "No decían nada, solo miraban como si esperaran algún signo de vida para rematarlo", recuerda hoy la viuda.

Cuando la mujer intentó acercarse a su marido herido de muerte, uno de ellos la amenazó con su arma: "es que se quiere morir o qué, eche pa´ dentro y no diga nada".

A pesar del ruido, nadie salió a auxiliar a Amparo y sus tres hijos. Igual sucedió dos días antes, cuando mataron a un hombre en la casa de al lado. Para esa época, las muertes eran cada vez más recurrentes. Aunque consiguió un carro para trasladar a su marido al hospital local, éste llegó sin vida.

Como su esposo no fue la única víctima esa noche, no le entregaron el cuerpo. Entonces, presa del miedo decidió regresar por sus hijos y huir a la finca de su hermana, en la vereda El Guineo. Cuando llegó cerca de la medianoche y tocó a la puerta no encontró a nadie. Un instante después apareció un cuñado. Todos en la casa se escabulleron al monte temerosos apenas escucharon que un carro se acercaba. No era la primera vez y a veces pasaban la noche escondidos en la maleza.

"Es que por aquí están matando mucho (...) llegan de noche en carros, matan en varias fincas y se van", le explicaron en ese momento.

El miedo ya se había apoderado de Urabá. En ese momento Amparo y su familia supieron que eran víctimas del nuevo grupo ilegal que ese año irrumpió con violencia en la región, según lo que se ya se escuchaba, para "desterrar a la guerrilla". Pero no fue la primera vez que las balas segaban una vida en la familia. Años atrás, en 1988, la guerrilla asesinó al padre de Amparo.

A los nuevos victimarios los empezaron a llamar los "tangueros", porque los primeros en llegar procedían de la finca Las Tangas, en Valencia (Córdoba), propiedad de Fidel Castaño y donde entrenaron a los primeros combatientes de las Auc.

Otros se referían al grupo como los "mochacabezas", por la macabra práctica de decapitar a sus víctimas.

Lo que no entendían era por qué campesinos inocentes como ellos eran las víctimas de esa guerra que apenas comenzaba.

La familia, ahora desplazada, se mudó a un rancho hecho en madera y techo de zinc. Durante el año siguiente vivieron, como todos en el sector, en medio del miedo y la muerte. Los disparos eran casi diarios y eran común ver como sacaban a la fuerza de sus casas a hombres y algunas mujeres pasa asesinarlos. "A veces se escuchaban tiros y encontraban los muertos a pocas cuadras o no se volvía a saber de ellos", cuentan en este sector, también conocido como La Chinita, uno de los más golpeados por la violencia.