HISTÓRICO
¿TERRORISTAS O DEFENSORES DE LA LIBERTAD?
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    ¿TERRORISTAS O DEFENSORES DE LA LIBERTAD? |
Por JUAN JOSÉ HOYOS | Publicado el 15 de junio de 2013

El mundo está conmocionado por las revelaciones de un exagente de la CIA sobre un programa del gobierno de Estados Unidos para vigilar los contenidos de Apple, Facebook, Google, Microsoft, Skype y Youtube, las compañías de internet más grandes del mundo, y monitorear las conversaciones telefónicas de miles de ciudadanos extranjeros y de ese país, considerado líder de la defensa de las libertades civiles en el mundo.

Las evidencias del espionaje masivo fueron entregadas a los periódicos The Guardian y The Washington Post por Edward Snowden, un analista informático que trabajaba para la Agencia Nacional de Seguridad (NSA). Horrorizado con los alcances del programa, él decidió copiar gran parte de los archivos a los que tuvo acceso y entregarlos a los dos periódicos. Luego escapó a Hong Kong. Sus revelaciones han permitido el descubrimiento de programas similares en Canadá, Reino Unido y Australia.

El gobierno de EE. UU. se vio obligado a reconocer su existencia y dijo que hacía parte de su estrategia para luchar contra el terrorismo internacional. El FBI anunció la apertura de una investigación contra el exagente por revelar secretos que ponen en peligro la seguridad nacional.

El escándalo provocó un debate mundial sobre la seguridad nacional y los derechos y las libertades de los ciudadanos. La gente ha vuelto a preguntarse qué está primero. El exagente de la CIA recibió el apoyo de miles de ciudadanos de su país indignados por la violación de sus derechos. El gobierno lo calificó de traidor.

El debate se extendió a Europa. En la redacción de la BBC de Londres, la discusión tocó puntos muy sensibles. Los periodistas se preguntaron: ¿Quién es un terrorista? ¿Quién es un "luchador de la libertad"? A renglón seguido publicaron una lista de personas que pueden ser definidas de una manera u otra y que, aunque son buscados por otros países por actos de terrorismo, viven en EE.UU. con permiso de su gobierno o reciben su apoyo.

La lista la encabeza Luis Posada Carriles, un militante del exilio cubano que trabajó para la CIA y participó en la invasión de Bahía Cochinos y en varios intentos para asesinar a Fidel Castro. Cuba y Venezuela lo reclaman para juzgarlo por un atentado que derribó en pleno vuelo un avión de Cubana de Aviación, en 1976. En él murieron los 73 pasajeros. Le sigue Ilyas Akhmadov, un líder del movimiento separatista checheno y uno de los hombres más buscados por Rusia. Está acusado de liderar secuestros masivos en los que han muerto cientos de ciudadanos rusos y de organizar campamentos de entrenamiento de terroristas. También aparecen algunos dirigentes de grupos de Muyahidines islamistas. Uno de ellos fue culpado de la muerte de seis ciudadanos estadounidenses en la revolución de Irán en 1979. Este año abrió sus oficinas en la calle K de Washington, a pocos pasos de la Casa Blanca. Otro forma parte de la oposición Siria. Sus militantes son expertos en ataques suicidas.

El gobierno de EE. UU. permite a sus ciudadanos, compañías y bancos enviar fondos a ese aliado de Al Qaeda, el mismo grupo que ha estado combatiendo desde los ataques del 11 de septiembre. Una prueba más de lo endiablada que es la lógica de la guerra.