HISTÓRICO
TRAGEDIA COLOMBIANA
  • TRAGEDIA COLOMBIANA |
    TRAGEDIA COLOMBIANA |
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 24 de julio de 2013

"Con alguien desarmado el Gobierno no se sienta a dialogar". Alias "El Tigre".

Esta frase, del desmovilizado jefe guerrillero del Eln, resume la tragedia colombiana. Nos ayuda a recordar que los tres grandes problemas de Colombia son la desidia del Estado central, la irresponsabilidad sistemática de sus políticos y la apatía general de sus ciudadanos.

Así, ante su incapacidad o falta de voluntad por realizar sus funciones más básicas, el Estado colombiano responde con populismo punitivo y legalismos extremos. Pero la clase política se beneficia de esta maraña de códigos y leyes; porque son leguleyos por naturaleza y para aprovecharse del sistema se convierten en eruditos de vacíos legales. Al resto de la sociedad solo le queda cumplir selectivamente algunas de las normas, porque la mayoría no se identifican con sus valores, y la injusticia e impunidad general los convence de la inutilidad de seguir las leyes que solo son "para los de ruana".

El Estado ha escogido entonces estar ausente, abandonando grandes porciones de territorio, o descargando su administración en oligarquías locales o bandidos. Los políticos, irresponsables y desconectados, más preocupados por sus redes clientelares que del cuidado del bien público, se nutren del ambiente de apatía ciudadana. En efecto, la sociedad civil, adormecida y pasiva, se encoge de hombros constantemente, solo reaccionando cuando hay que cuidar los intereses individuales o a través de la violencia.

Sobrecompensando, como siempre, el Estado intenta intervenir en donde puede la economía, pero incluso en esa perjudicial labor falla; la corrupción y falta de competitividad nacional se ignoran, porque el ego nacional se alimenta con la explotación de lo que nos tocó en suerte. Los políticos, enceguecidos por los lobistas de lenguas o piernas largas, apenas sí chistan sobre las injusticias de los monopolios y la ausencia casi completa de competencia. Mientras tanto, la "rosca" determina el éxito en una economía excluyente que desincentiva cualquier innovación o emprendimiento; los ciudadanos sobreviven en el rebusque.

En este escenario, nos enfrentamos a la revancha de los desposeídos y el miedo prevenido de los poderosos. Así, "el poder del que no tiene", del que hablaba Ricardo Silva en su última columna, se configura como la inclinación de muchos colombianos a "señorearse" cuando consiguen poder y de los pocos que ya lo tienen a hacer todo lo posible por evitarlo.

Porque en Colombia, la verdadera democracia liberal parece escurrírsenos entre los dedos cada vez que parece que la hemos cogido con las manos.