HISTÓRICO
TRES AÑOS Y NADA
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Por YOHIR AKERMAN | Publicado el 05 de agosto de 2013

Pareciera que el presidente Juan Manuel Santos va a tener muchos obstáculos para cumplir con todas sus promesas pendientes en lo que queda de su gobierno. Un año no es tanto tiempo, para tanta cosa.

De la agenda ambiciosa que el gobierno propuso hace tres años, poco se siente que se haya concretado como logros para el país en el corto plazo.

Pero no todo es negativo.

El mandatario ha conseguido éxitos en puntos cruciales para el futuro de Colombia, como enfocar y dirigir el importante debate de la restitución de tierras, darle la relevancia necesaria al problema de las víctimas presentando una ley exclusiva para el tratamiento de esto y, sobre todo, empujar la discusión de crear una memoria histórica del conflicto, tema que en el pasado se desconocía.

Sin duda son logros mayores para superar la crisis, pero el problema es que sus lunares tampoco son menores.

Seguramente el mayor fracaso ha sido la reforma a la justicia, que se lanzó con una expectativa altísima como uno de los retos más importantes que podía conseguir cualquier gobierno, ya que es una reforma que el país necesita hace muchos años y sigue necesitando, y su resultado fue una vulgar vergüenza para el legislativo, pero sobre todo para la administración de Santos.

Lamentable.

Ahora bien, el lunar que más le cobran al Presidente no es ese, sino el deterioro en la seguridad a lo largo del territorio. Sin duda.

La actividad de la guerrilla, de las bandas criminales y de la delincuencia común, ha hecho que los datos y la percepción en zonas urbanas y rurales, demuestren una avería generalizada en un tema hipersensible para el país.

Es claro que el debilitamiento de la seguridad y la defensa, es un hecho que los colombianos no perdonan. Y menos después de los éxitos entregados por el expresidente Álvaro Uribe en ese sector.

Esto ha generado que la apuesta más arriesgada del actual gobierno, como es la de paz con las Farc, se encuentre envuelta en un manto de críticas por parte de la opinión pública.

Pero la paz es la apuesta acertada.

Eso no se puede discutir. Por eso ahora, en la recta final, le va a tocar al presidente Santos priorizar en sus rubros pendientes, y en ese ejercicio, entregar una guerrilla desmovilizada será su esfuerzo mayor. No es para menos.

La ficha de su reelección depende de lo que pase en el próximo mes en esa negociación y un éxito en esa materia es lo único que lo podría catapultar a una victoria de su campaña o su sucesor.

Sin embargo, si la meta del presidente Santos no es pasar a la historia por desmovilizar a las Farc, sino realmente por ejecutar una agenda ambiciosa de prosperidad como la que prometió, en este año tiene que concretar lo que en un principio sonaba como un gobierno resuelto a cambiar el país con una propuesta progresista y liberal.

Hasta ahora ha demostrado más problemas de ejecución y falta de conexión con su pueblo, que capacidad de cambio y progreso. Sin solucionar esto, con paz o sin ella, la posibilidad de un segundo gobierno de Santos suena más a otro problema que a la gran solución.