HISTÓRICO
UN IMPULSO DISTINTO A LA PRODUCTIVIDAD
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    UN IMPULSO DISTINTO A LA PRODUCTIVIDAD |
Por RUDOLF HOMMES | Publicado el 27 de abril de 2013

La semana pasada decía Carlos Caballero en El Tiempo (20 de abril de 2013) que las medidas contenidas en el Plan de Impulso a la Productividad Empresarial, aunque fueron bien recibidas, no resuelven el problema.

Esta semana, ANIF trajo a cuento la necesidad de inducir cambios estructurales profundos que no han sido contemplados en el PIPE, al cual no le otorga importancia y dice que todavía es un borrador (Informe Semanal 1168).

Las medidas anunciadas pueden aliviar problemas como el de la revaluación o el del costo del crédito, pero no es un plan de transformación estructural ni de impulso del sector industrial. Este y el agropecuario seguirán perdiendo participación en el producto y el empleo, dando lugar a un auge inusitado del sector servicios y del empleo informal.

Este camino no es deseable. Promueve una mala asignación de recursos en la economía.

El profesor Pissarides, Nobel de Economía, le atribuye parte de la culpa de esta tendencia indeseable al elevado nivel del salario mínimo en comparación con el salario medio, a los impuestos a la nómina, al sistema tributario existente y a la inflexibilidad laboral.

La reducción reciente de los impuestos a la nómina fue necesaria. Hace falta permitir que el salario mínimo crezca menos que los demás salarios.

Los resultados de la investigación que adelanta ANIF sobre el cambio estructural indican que las empresas que menos avanzaron entre 2001 y 2011 en la medida de cambio estructural que construyó ANIF se han rezagado en su comportamiento externo, en crecimiento de su valor agregado y el aumento de la productividad total de los factores (PTF).

Estos sectores aportan más de 53 por ciento del PIB industrial y son los tradicionales: productos alimenticios y bebidas, productos elaborados de metal, maderas, muebles, textiles y confecciones, cuero y sus derivados, entre otros.

Los datos de ANIF parecen corroborar que la protección inhibe la inversión, el cambio técnico y el crecimiento del sector que se protege, especialmente si se tiene en cuenta que las industrias que más han cambiado en las direcciones favorables al cambio estructural se encuentran entre las menos protegidas.

Estas son: fabricación de productos metalúrgicos básicos, fabricación de equipo de transporte, fabricación de maquinaria, equipos e instrumentos, entre otras que contribuyen conjuntamente al PIB industrial en un 28 por ciento.

Tienen menor protección, hasta son víctimas de protección negativa, y son más dinámicas. ANIF advierte también que las cadenas productivas no contribuyen al cambio estructural deseado.

Hay que dejar que las empresas se enfrenten a la competencia, desarrollen sus propias defensas y promover políticas que incidan positivamente en el crecimiento de la PTF, como el desarrollo de la infraestructura, de competencias básicas y del conocimiento.