HISTÓRICO
"Un plan de paz para Colombia"
  • León Valencia | León Valencia
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León Valencia | Publicado el 02 de agosto de 2010

Es una verdadera ironía. Uribe acusa al presidente Chávez de prohijar la presencia de las guerrillas en el lado venezolano de la frontera con Colombia y Chávez responde proponiendo un plan de paz para nuestro país.

Pero la ironía no es nueva. En esas hemos estado todos estos años. El gobierno colombiano buscando que los países vecinos le ayuden a derrotar militarmente a las Farc y al Eln y los gobernantes de estos países insistiendo en que la salida de la guerra es negociada.

Esta vez, Chávez llevó la idea hasta la reunión de cancilleres en Unasur para contrarrestar la presentación de las denuncias de Colombia ante la OEA.

La reunión fracasó y en su lugar se ha convocado una cumbre de mandatarios de la región. Seguramente a ese evento Venezuela volverá a llevar su propuesta y encontrará eco, si no en todos, en parte de los gobernantes de Sudamérica.

La consternación del gobierno del presidente Uribe siempre ha sido inmensa. No le cabe en la cabeza que los gobiernos vecinos puedan tener una perspectiva distinta para mirar el conflicto colombiano. No ve alguna lógica en ello. Le achaca la actitud a una abierta complicidad con las guerrillas.

En el caso venezolano tiene para mostrar declaraciones de comprensión o simpatía con ideas de la guerrilla expresadas en algún momento por el propio Chávez o por algún funcionario de su gobierno.

Toma estas expresiones como una prueba irrefutable de que al otro lado de la frontera hay un gobierno que desea fervientemente que la insurgencia se tome el poder en nuestro país. No hay estas manifestaciones en los demás países, pero igual se concluye que las inclinaciones hacia la izquierda de varios de ellos pueden acercarlos a la guerrilla.

No hay que descartar de plano alguna razón del gobierno del presidente Uribe en esta apreciación. Es posible que aún hoy, después del grave desprestigio de los alzados en armas, la causa de estas fuerzas despierte alguna simpatía en personas de otros países. Pero esa no es la principal explicación de la diferente posición que tienen los países de la región y la comunidad internacional frente a la solución para nuestro conflicto armado.

La verdad es que tanto los gobiernos de Sudamérica como la gran mayoría de los organismos internacionales consideran a las guerrillas como un problema interno.

No le dan el alcance de una amenaza terrorista internacional. Incluso Estados Unidos, que sufre las consecuencias del tráfico de drogas desde territorios controlados por las guerrillas y debe gastar grandes sumas de dinero en control interno de la cocaína, no le atribuye a éstas el carácter de enemigo transnacional.

El empeño y la vehemencia del presidente Uribe en la denuncia de las guerrillas han servido para que las incluyan en listas terroristas y en algunos lugares le presten más atención a la presencia de miembros de estas fuerzas. Pero no hay una preocupación especial por ellos. No están en la mira como los activistas del fundamentalismo musulmán.

Con esta realidad debe contar el nuevo gobierno que se instala el 7 de agosto. Los gobiernos de la región no van a arriesgar la vida de sus soldados y policías en nuestra guerra, no van a invertir grandes recursos en ayudarnos a solucionar por la vía militar nuestro conflicto.

Padecen algunas consecuencias de nuestra guerra como el desplazamiento forzado de personas, la presencia de guerrilleros, paramilitares y mafiosos en su territorio, la extensión de las redes mafiosas que nacen en nuestros países y se extienden a los vecinos. Pero aún así lo ven como un conflicto nuestro, como un anacronismo de nuestra historia.

Podemos utilizar los problemas que les causan estas fuerzas como argumentos para buscar mediante el diálogo bilateral una mayor cooperación en el control de la delincuencia en las fronteras, podemos encontrar ayuda en información y lograr algunas capturas. Pero de ahí no va a pasar.

Por eso no se debe desechar de plano la ayuda que puedan ofrecer para buscar una salida negociada, a eso sí se le apuntan y en eso pueden ser muy eficaces. Una presión concertada y generalizada a las guerrillas para que se sienten a una mesa de negociación y pongan fin a su alzamiento armado puede ser muy útil.