HISTÓRICO
UN POSTCONFLICTO SERIO
  • UN POSTCONFLICTO SERIO |
    UN POSTCONFLICTO SERIO |
Por JHON MARULANDA | Publicado el 03 de abril de 2013

Mientras en La Habana los burócratas de las Farc negocian una retirada "digna" después de 50 años de barbarie, insisten en adquirir misiles tierra-aire y planean reubicarse en Cundinamarca-Bogotá, infiltrando células a través de tres ejes que coinciden con los ríos Papaneme por la izquierda, Duda por el Centro y Ariari por la derecha.

Persisten en la acción armada como respaldo definitivo a sus ambiciones políticas.

El General Mora ya debió haberlo informado a los filósofos y políticos que tejen en la isla un futuro no muy claro para el país.

Las ralas escuadras farianas, sin embargo, lidian con un peligro mayor a los bombardeos de la Fuerza Aérea: el narcotráfico.

Inmersos en el negocio, conectados con carteles mexicanos y aliados con bacrines, han dado un salto sin reversa al abismo de la ambición humana.

El acicate por el dinero acabará con cualquier rezago de marxismo-leninismo que les pueda quedar.

Aquí, como en México, las bases de los carteles -y las Farc son un cartel, así lo niegue la farándula habanera- se alimentan de jóvenes sin horizonte que se acogen fácilmente a la filosofía de vivir corto, pero intensamente.

La imagen del clásico guerrillero no es muy atractiva en un mundo de celulares, tabletas, realities y tuits.

Y si su jefe se pasea en Harley Davidson por Caracas, la holandesa baila rock en La Habana y otro jefe maneja un Humvee en el Meta, ¿qué muchacho quiere acabar la vida comiendo arroz, fríjoles y panela, harapiento, siempre huyendo, cuando puede aspirar a una "troca" último modelo, una joven voluptuosa y, por su puesto, una pistola con cachas de oro?

Ya los celos, la ambición y la envidia corroen las estructuras farucas en las que se registran asesinatos, ejecuciones y desapariciones, no por desviacionismos, revisionismos o infiltraciones, sino por malas cuentas, pérdidas de mercancía, robo de rutas.

Así las cosas, las Farc no pueden seguir siendo tratadas como un grupo insurgente y la inteligencia militar y policial debe reclasificarlas como lo que son: un cartel del narcotráfico.

Insistir en clasificarlas en bloques, frentes, etc…, es darles una nomenclatura que ya no se merecen y un contenido que hace rato perdieron.

El Frente 45 debe pasar a llamarse el cartel 45, por ejemplo. Así entraríamos a un postconflicto más ajustado a la realidad.

Y frente a la probabilidad de ver a los cabecillas de las Farc, arrogantes y cínicos, dictando leyes, no queda sino levantar una resistencia moral ciudadana que los condene a ellos y a sus amigos al ostracismo político.

No se puede aceptar un pensamiento diferente cuando ese pensamiento nos quiere asesinar. ¿O si?.