HISTÓRICO
Un siglo de aviación en Antioquia
  • Un siglo de aviación en Antioquia
POR JUAN DAVID MONTOYA | Publicado el 25 de enero de 2013

No se sabe con claridad por qué John Smith terminó embarcado en un viaje por río y a lomo de mula a través de las montañas antioqueñas, llevando consigo un aparato que sería el invento más sorprendente que hubiera llegado a la pequeña villa que era Medellín a principios del siglo XX.

Lo cierto fue, sin embargo, que este canadiense fue el primer hombre que alzó el vuelo desde Medellín en un biplano similar al que habían utilizado los hermanos Wright apenas diez años atrás, cuando se escribió el capítulo número uno de la historia de la aviación. Era la época de los primeros hombres que remontaban los aires.

El singular evento ocurrió a las 10:30 de la mañana del 26 de enero de 1913, según consta en una carta que Ana Mejía de Restrepo envió a su hija Ángela.

"Antier domingo estaba anunciada la ascensión de Smith en su biplano", escribió. "Primero quiso hacerlo en una manga de El Carretero, pero porque le pidieron mucho para alquilarla, lo trajo a La Pradera. Contarte la cantidad de gente que de todas partes acudió es casi imposible".

Cuenta Lawrence Canney, aficionado a la aviación que tiene en su poder esta misiva, que La Pradera era una finca ubicada en lo que hoy es el Club Campestre. De allí despegó Smith en lo que sería el segundo vuelo que se realizaba en el país. El primero, también lo había hecho él mismo días atrás en Barranquilla.

El avión sobrevoló el sur de Medellín e Itagüí ante una muchedumbre atónita, vestida con saco y corbata, que por poco causa un accidente al momento de aterrizar. "Al caer dizque tuvo que hacer una maniobra muy rápida para evitar matar a algunas personas", contó en su carta doña Ana Mejía.

Este diario registró el hecho, la expectativa y el alto número de curiosos que llegaron hasta La Aguacatala.

"Desde las primeras horas del día se notaba el gran entusiasmo que había despertado entre los habitantes de Medellín. Antes de amanecer, ya se había reunido en la Estación del Ferrocarril de Amagá un crecido número de personas.

Los trenes funcionaron rápidamente, y las locomotoras, cada una hasta con diez carros, conducían (...) multitud, anhelante de conocer el prodigioso espectáculo de la aviación, desconocido por completo entre nosotros".

Aunque Ángela Restrepo no vio ese "prodigioso espectáculo", serían incontables los aviones que vería en su vida.

Al desposarse con Guillermo Echavarría, pionero de la aviación comercial del país, Ángela trazó su camino junto a un hombre cuyo sueño fue volar, un sueño que su mamá describía aquella primera vez, con sobrada sencillez, como un "espectáculo de lo más bonito".