HISTÓRICO
¿UNA CIUDAD DERROTADA?
  • ¿UNA CIUDAD DERROTADA? |
    ¿UNA CIUDAD DERROTADA? |
Por ANA CRISTINA ARISTIZÁBAL URIBE | Publicado el 17 de junio de 2013

¿Cuántas ciudades hay dentro de la ciudad de Medellín? La pregunta tiene sentido porque esta ciudad no es una ni igual para todos: están las ciudades donde se vive la opulencia en todas sus manifestaciones y, por lo tanto, allí poco se sufre y nada se quiere saber de las situaciones por las que pasan los habitantes de esas otras ciudades; están las ciudades donde el dolor que produce la violencia y la pobreza material se respira en cada esquina y se reclama a gritos la solidaridad de los demás, y están las ciudades indiferentes que no le reclaman a la primera ni se solidarizan con la segunda.

Esta distinción nada tiene que ver con estratos sociales. Independientemente del sector en el que se viva, nuestra ciudad será aquella que se corresponda con nuestra actitud frente a los otros y a sus situaciones. En otras palabras, cada uno con sus actitudes construye su ciudad y el hábitat.

Las fronteras invisibles no sólo las generan aquellos que han visto en la violencia una forma de destruir la ciudad. También las crean de manera indirecta aquellos que se acomodan tranquilamente en sus casas y dicen: "Este sector es tan rico para vivir, porque por acá no pasa nada. No es como en otras comunas donde se escuchan disparos todo el día". Cuando se piensa o se dice esto, queda establecida una frontera invisible que demarca este tranquilo sector.

No hace mucho se vio por televisión cómo cientos de habitantes de un sector de Medellín salían de sus casas cargando sus enseres porque habían sido amenazados. ¿Por qué la ciudad entera no se volcó a esas calles que en cuestión de horas quedaron vacías? ¿Por qué los jóvenes de los otros sectores de la ciudad no corrieron a apoyar a esos otros jóvenes en un abrazo de solidaridad? ¿Por qué las organizaciones empresariales no hicieron presencia desde el voluntariado para que la situación no fuera más grave? En suma ¿por qué sólo los acompañaron las autoridades civiles, militares y religiosas? ¿Por qué la ciudad entera no acudió como un solo cuerpo a reafirmar el derecho que tienen los pobladores de habitar sin ningún tipo de miedo su territorio, que han construido con su trabajo honesto?

No duelen tanto las mezquinas victorias de los violentos como sí la derrota que sufre la ciudad cuando sus habitantes, por su falta de responsabilidad social individual y familiar, no se solidarizan y actúan en favor de aquellos que sufren alguna violencia que atenta contra su dignidad.

Escrito por Nicolás Molina Sáenz, profesor UPB.